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El lado oscuro de la Navidad
Miguel Quintas Coelho
Tiempo estimado de lectura: 3 min 45 seg Enviar a redes sociales Imprimir el artículo Agregar a favoritos Descargar en PDF Enviar por correo Texto normal Texto grande
31-12-2007
Miguel Quintas Coelho
La cultura cristiana, y a su rebufo el mercantilismo, conmemoran en estas fechas el nacimiento de Jesús el Cristo, según la tradición, en el portal de Belén. A tenor de la sacra leyenda, Cristo nació en la soledad de una fría noche (casi con certeza histórica en el mes de febrero), en un humilde pesebre en compañía de José y María, un pollino y un buey. Era rey de Israel un tirano genocida al que conocemos históricamente por el nombre de Herodes, representante a su vez de los intereses del Imperio Romano, dueño del mundo conocido entonces.

No es mi intención recrearles en las fantasías y leyendas con que la sacra inventiva cristiana ha ido adornando este evento a lo largo de los siglos. Prefiero situarme en la tragedia de los belenitas y hacerles meditar sobre lo que posiblemente ningún cura o mitrado de este país ha considerado digno de reseñar en las homilías pascuales a sus fieles. He tenido ocasión de leer el comunicado conjunto emitido por los 13 patriarcas cristianos reconocidos en Jerusalén esta semana denunciando con acritud la sangrante situación pero, por mucho que he hurgado, no he encontrado la más mínima referencia, el menor atisbo de solidaridad entre el clero de este país. Tal vez la divina levitación ante la onomástica o la inhumana inmersión en intereses contrarios totalmente al mensaje y misión del cristianismo (caridad, acercamiento al pobre, al perseguido, entre otros) o tal vez ambos, constituyan el fundamento final de este deleznable e inhumano silencio.

Este es el panorama de Belén en tan señaladas fechas. La entrada por el principal control militar que atraviesan los autobuses turísticos recuerda el telón de acero que cerraba el paso a los dinosaurios del Parque Jurásico de Steven Spielberg, ya que toda la ciudad está rodeada de alambre electrificado. Una vez dentro de la ciudad, en pleno centro urbano, al pie de la Basílica de la Natividad que guarda el lugar sagrado del pesebre, muy pocos elementos evocan las chispeantes decoraciones occidentales o las bucólicas estampas de la imaginería religiosa que muchos peregrinos esperaban encontrar. Belén es desempleo, represión, miseria y frustración.

Víctor Batarseh, alcalde de la ciudad y miembro del escuálido grupo de cristianos de la ciudad (1,9% de la población), con desesperación manifiesta, desde su despacho en la Plaza del Pesebre denunciaba: ’Belén es una gran prisión. La ocupación militar es nuestro gran problema, es humillante. Los pacientes no pueden salir a los hospitales para recibir tratamiento, nuestros adolescentes no pueden salir a estudiar y nos ahogamos económicamente’. Todo ello en una ciudad de 30.000 habitantes.

Para celebrar tales eventos el Ayuntamiento ha recibido 50.000 dólares de la Autoridad Nacional Palestina y se irán en alumbrado de las calles, junto a 360.000 euros para pagar el salario de los funcionarios que llevan dos meses sin cobrar. Gracias a ello, al menos los musulmanes belenitas han podido celebrar la semana pasada la fiesta sagrada de el Eid El Adha (la fiesta del cordero) y los cristianos preparar en estas fechas su mesa: mahshi (hojas de parra rellenas de arroz y carne) y el kitdre de Navidad (olla de arroz, ajo, cordero y almendras). Los regalos para los niños, habida cuenta de la miseria, correrán a cargo del las ONG sensibles a la infancia.

Para la ocasión, el sionismo gubernamental isaraelí ha prometido facilitar la libertad de movimientos, lo que se concreta en: extranjeros y cristianos israelíes no tendrán problemas para acudir a Belén, los cristianos de Cisjordania necesitarán un visado especial extremadamente difícil de conseguir y los 500 cristianos de Gaza no tendrán autorización. Belen, al igual que Cisjordania, Gaza y la zona árabe de Jerusalén son los guettos crueles, los cercos inhumanos de hoy, aplicados por quienes sufrieron el holocausto nazi y que en su depravación nacional-religiosa -esto es el sionismo- están repitiendo aquel genocidio. Sí, dos mil años después Herodes ha adoptado la forma del sionismo, USA la del Imperio Romano, la Unión Europea la de Poncio Pilato y nuestro católico clero abandona el mensaje cristiano profundo y creíble para dedicarse en estas efemérides a los trabajos manuales del musgo, pastorcillos de barro y angelotes rollizos soplando ocarinas de buena nueva ¿Cuál y para quién? Palestina, Tierra Santa, Tierra Sagrada y ensangrentada, cercada de muros de odio en nombre de Jehová, a quien la perversión humana ha convertido en deidad sanguinaria. Muros genocidas de piedra en cuyas cimas cada día encuentra más dificultad para anidar la Paloma de la Paz. Muros contra los que se rebelan incluso los vestigios genéticos judíos que corren por mis venas. Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.


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