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La negada esclavitud
Miguel Quintas Coelho
Tiempo estimado de lectura: 3 min 45 seg Enviar a redes sociales Imprimir el artículo Agregar a favoritos Descargar en PDF Enviar por correo Texto normal Texto grande
22-01-2008
Miguel Quintas Coelho
El trabajo doméstico no remunerado, que es realizado en forma mayoritaria por las mujeres, representa el 42,5% del Producto Interior Bruto del Estado español, según un estudio realizado para la Fundación de las Cajas de Ahorro. Es patente el empeño de las instituciones y gobiernos de nuestro país -central y tribales- en ocultar esa realidad, porque hacerla visible generaría e impulsaría la necesidad de avanzar hacia una solución en esa desigualdad económica y social que siempre ha sufrido una parte muy mayoritaria de la población femenina.

Este estudio, referido al año 2003, indica que el número de horas dedicadas por las mujeres al trabajo doméstico no remunerado es del orden de los 46.000 millones anuales, con un valor que asciende a los 332.306 millones de euros, lo que supone que cada mujer dedicada a esta tarea genera anualmente a la riqueza del país 7.916 euros, que no se ven pero ahí están. En Galicia, este trabajo doméstico no remunerado representa el 37% del horario productivo, participando el 73,4% de las mujeres, y la aportación de éstas, nuestras infravaloradas féminas, alcanza el 67,5% del PIB. Estos son los fríos datos, lo demás es pura metafísica para continuar enmascarando una situación de dominio y control sobre la mujer.

A diferencia de otros trabajos, el doméstico no tiene horario, ni vacaciones, es imprescindible y muchas mujeres, por añadidura, lo deben compatibilizar con otro empleo en una jornada diaria que alcanza hasta las 14 horas, porque en la mayoría de las familias no se puede pagar un salario de sustitución. A esta reflexión habrá que añadir que en el último informe de la OCDE al respecto, la cabaña masculina de esta piel de toro estamos en la retaguardia a la hora de colaborar con la carga doméstica diaria y, en general, no es por falta de tiempo para ello sino por pura desidia y malformación cultural. Según esta encuesta, que se queda corta, a mi entender, el trabajo de la mujer española en tareas del hogar triplica en horas a las que su cónyuge invierte en el mismo concepto.

Desgraciadamente, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, donde además frecuentemente sufre discriminación salarial y laboral, no ha supuesto en muchos casos más que un aumento de las horas dedicadas al quehacer diario por cuanto debe ingeniárselas para cumplir con ambas tareas. Y este aspecto no es un avance social sino un reforzamiento de su papel de semiesclavitud en una sociedad moderna que, además, se denomina democrática. Salarios en régimen de gananciales y reparto del trabajo desequilibrado en contra de las mujeres es una cuestión nada baladí pero que ladinamente se oculta y se evita aludir desde instituciones e incluso, lo que es más grave, desde los propios núcleos familiares. ¿Por dónde andan en este tema los defensores de la familia tradicional, sean laicos o mitrados? ¿No tienen nada que decir al respecto las féminas defensoras de una determinada tradición que acudieron a denostar la política gubernamental, o es que aceptan esa situación como modelo para sí y pretenden imponerlo a los demás? ¿Tal vez este tema no está influyendo socialmente en la estabilidad, seguridad y consolidación de las parejas de hecho y de derecho, hetero y homo? Afortunadamente hoy ya no se soportan las injusticias e infortunios convivenciales con cristiana y sumisa resignación al cónyuge cafre.

Sería necesario referirse también al trabajo doméstico remunerado en nuestro país. El espacio periodístico obliga a restringirlo a cuatro pinceladas, las suficientes para que los lectores dispongan de criterios certeros. Los datos de los salarios medios de las empleadas de hogar con contrato son bastante inferiores a los que se producen en otras economías de la Unión Europea y de los países desarrollados a nivel mundial. Tres de cada cuatro trabajadoras domésticas son continuas y dos de cada tres carecen de un contrato de trabajo ajustado a la realidad laboral que desempeñan. Dicho en cervantino: existe también en este aspecto explotación y fraude que va in crescendo, especialmente por la incorporación a estas tareas de una parte de la inmigración.

El Ministerio Español de Trabajo y Asuntos Sociales del gobierno socialista trabaja en una nueva ordenación del Régimen de Empleadas del Hogar para acercar a ese sector al Régimen General de la Seguridad Social, ciñéndolo a las 40 horas semanales, ineludible contratación legal, despidos justificados o, en caso contrario, indemnizaciones equiparables al resto de los sectores productivos. Claro que la contratada deberá cotizar, pero tendrá también prestaciones. El proyecto está ultimado, pero la legislatura ha llegado a su fin y será la composición del próximo gobierno quien determine si el decreto finalmente ve la luz y avanzamos. Reflexionen un poco sobre el tema, merece la pena y ellas se lo agradecerán.
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