
Lupita se ha rebelado. No quiere estar sometida a la tiranía del autor. Rivela ha contratado al detective Quirque para que la encuentre. El detective al aparato: parece que se escapó de Ourense y anda dando vueltas por la geografía planetaria. Voy corriendo al bus y en el trayecto me encuentro con Andrés Ibáñez y Bush. Van leyendo un libro. Me concentro en el libro y el espacio y el tiempo cambian y aparecemos en la Sociedad de Control. Somos testigos inermes del surgimiento de una nueva forma de dictadura. Se trata de la Sociedad de Control. La palabra ‘dictadura’ en este caso no es exacta, ya que las dictaduras se basan en la represión y en la pérdida de libertades, y la Sociedad de Control no trata de quitarnos libertades sino, por el contrario, de darnos derechos. Pero cada derecho es en realidad una obligación y una nueva excusa para el control. Derechos que no queremos y que no hemos pedido, que no nos importan y que siempre acaban costándonos dinero. La Sociedad de Control pretende controlar y vigilar a todos los ciudadanos del mundo las veinticuatro horas del día. Terminarán poniéndonos chips bajo la piel. Nos los pondrán al nacer, y aquellos que se los extirpen serán encarcelados.
¡Qué mundo más loco...! No sé que decir, pero con estas palabras los que vienen conmigo en el bus cierran el libro, y volvemos a la Sociedad de Control. Esta sociedad pretende saber lo que hacen todos los ciudadanos las veinticuatro horas, qué compran, en qué usan su tiempo cuando no trabajan (y cuando trabajan). Lo más curioso y característico es que nadie quiere esta información para nada. Para capturar criminales, nos dicen. Pero quizá llegue un momento en que esta información empiece a usarse. Porque si nadie la quiere para nada, ¿para qué tantos esfuerzos por obtenerla? Esta Sociedad de Control permite borrar los límites de lo público y lo privado mediante un ataque insidioso e imparable contra todos los valores relacionados con la esfera privada (que se asocian al vago, al charlatán, al romántico anticuado, al que quizá tenga algo que ocultar, al sospechoso). La Sociedad de Control quiere que estemos trabajando no ya 60 o 65 horas a la semana, sino todas las horas de la semana. Quiere meter el trabajo en nuestra casa porque quiere meterse en nuestra casa.
(¿Por qué nos paramos tanto con esta Sociedad? Quirke, el detective, me ha dicho que puede que tenga alguna relación con la Lupita). Y continuamos el viaje por los caminos del Control. Esta Sociedad es un gran ojo que quiere verlo todo, y que odia las puertas cerradas y los rincones oscuros. Quiere ‘protegernos’ y por eso quiere contemplarnos todo el rato. Esta Sociedad de Control busca la desaparición del azar, de lo espontáneo, de lo individual, de lo particular, de lo subjetivo, de lo caprichoso, de lo único, de lo original, de lo impredecible, de lo arriesgado. Su filosofía es la siguiente: si yo sé que en esta casa hay un criminal, rodeo la casa con alambre espinoso y ya sé que he capturado al criminal. No sé exactamente quién es, pero sé que está ahí dentro. Quien dice una casa dice un barrio, una ciudad, un país, una etnia, el mundo entero. Encierro también a todos los demás, pero eso es un mal menor comparado con el triunfo que he obtenido. La Sociedad de Control es el paraíso de la burocracia y de los burócratas, de las medidas de seguridad, de las normativas, de los procedimientos, de los libros blancos, de los manuales de estilo, de las reuniones y de los comités. Está obsesionada con medir: quiere medirlo todo. Medirlo con números, entendámonos, con gráficos, con baremos, con estadísticas. Es difícil saber por qué la Historia ha dado este giro inesperado. Es difícil saber, también, si la Sociedad de Control es ‘de derechas’ o ‘de izquierdas’, pero uno tiene la sensación de que surge de lo peor de la izquierda y lo peor de la derecha.
Como no veo a la Lupita por ningún lado, un espía se acerca y nos dice: La Unión Europea es un modelo de Sociedad de Control, pero también lo fue América en ciertas etapas y lo es China con su extraño comunismo capitalista. Puesto que es un fenómeno que no puede definirse con las categorías políticas de antaño, es evidente que se trata de algo nuevo. Es como una humedad que cala los huesos. Una niebla que recorre Europa, el mundo. Y a la Lupe ‘alguien’ le ha colocado un chip bajo la piel y por eso huye. Y se acaba el tiempo. Ahora al recreo. Salud y besos.