Hace no muchas semanas se descubría allí la placa que hace honor a uno de los deportistas más importantes nacidos en Ourense. Un guiño al pasado utilizándolo como reclamo al presente pensando en un futuro mejor al que a día de hoy se puede vislumbrar. Ayer por la mañana, en ese mismo campo, ahora llamado Miguel Ángel, se ponía una piedra más en la cesta, la del lastre, de un deporte a la deriva desde hace años.
La derrota de ayer del Pabellón juvenil deja al equipo que entrena Jorge Regal con un pie fuera de la División de Honor. En cualquier otro momento supondría un revés durísimo para el deporte de una ciudad ya de por si huérfana de reclamos. A día de hoy casi pasa de puntillas. Aunque se confirme sería un descenso más, un tropiezo más, un fracaso más. ¿Qué esperamos del futuro cuando el presente no se planifica? ¿Hasta dónde tiene que caer el fútbol ourensano para que suenen las alarmas y se tomen medidas?
La temporada pasada cinco equipos de las categorías inferiores del Ourense perdieron la categoría. ¿Cómo se puede permitir ese desaguisado? El juvenil A rojillo lucha por mantenerse estando una categoría por debajo del Pabellón B. Increíble. Buscar un reclamo en su cantera es complicado. En +Deporte mi compañero Toño Alfaro se tuvo que ir al equipo alevín B para buscar algo positivo en el club más representativo de la provincia.
En Tercera el Verín es carne de cañón y en Preferente dos de los cinco equipos ourensanos también perderán la categoría.
¿Hasta dónde hay que caer para tocar fondo? El fútbol pierde empuje en las villas y en la capital se ha convertido en futbol de villas. Así de duro, así de cierto.
Lo de ayer en Os Remedios no debe caer en saco roto. Ourense necesita reinventarse y dejar de preferir el fútbol de cafetería o de sofá que en directo.