La pura casualidad me llevó a jalar a esta feria de la manduca. Porque las bajas de los comensales con quienes tenía cita en un restaurante de la ciudad fueron la llave del viernes para un nuevo contacto, el que encendió un motor de Clío para conducirnos hasta Expourense; y es que no es cosa, en hora casi de postre, de avisar en casa que uno no come fuera. Llegamos a las tres, y, lo primero, fue ahorrar los tres euros de entrada al no contar con invitación, cosa que se consigue al contar con ustedes, lectores de La Región. Ya dentro, toca pasear un poco en busca del flechazo con el mejor fogón. En tanto, vemos paseando a Constantino Iglesias, en su medio, la restauración, con una gallega recién instalada en la tierra después de 36 años en Barcelona; y es que, Pilar de Telefónica se dijo, ahora o nunca, y ganó ahora.
Comiendo en un restaurante de turismo rural de Lugo nos encontramos con una familia reunida-familia feliz, los Iglesias, tres generaciones que hacen un nuevo fichaje por amor, la hermosa Silvia, necesario eslabón para que haya siguiente o cuarta generación. Saludando en el paseo a más gente (sin libreta y tan mala memoria, sólo puedo decir más gente), pasé por detrás de donde estaban enseñando al atento público a cortar un jamón, instante que recogía ese currante, Luis Baños, que mueve profesionalmente su cámara con la destreza propia que puede transmitir el sabor del jamón-jamón. Dos clásicos del BBVA, sindicalista Valentín y Ángel, con un grupo de lucidas compañeras, ponían firma de ejemplo de esto, en lo que se ha convertido Xantar, parte de salón social de fiesta para la gente de Ourense, que acude en esta fecha a las comidas y cenas en Xantar cual si fueran las típicas navideñas. Y llegamos al enclave perfecto, donde pude saludar al super entrañable José Manuel Piñeiro, junto a los no menos entrañables Casiano y Antón Alonso.
Al fin encontramos nuestro maná, en un restaurante de A Guarda que oferta algo de marisco en su menú de 30 euros. Caro, bastante caro, aunque cuatro veces menos que lo que han pagado recientemente por barba (¡menuda barba la de Cándido!) nuestros jefes sindicales españoles, pero la langosta siempre tira al agua, y, ya sabemos, que los humanos somos en gran parte agua. Mesa para dos, la última libre que quedaba, y dejamos caer nuestras posaderas sobre los asientos. Una camarera muy atenta, cuya simpatía nos permite advertir que estamos ante la poetisa Mary, nos recoge el pedido de dos menús, incluido botella de albariño; si no les escribo ningún verso hoy es por no haber cumplido Mary con su compromiso, pues mi correo electrónico lo llevó a tal propósito. A dos mesas de nosotros vemos a una mujer con su señor, que resulta ser también nuestro, pues no se trata de otro que o noso Paco, señor Rodríguez y alcalde mío, que disfrutaba en buena compañía del mismo menú, pues su mesa la completaba un par de mujercitas que imagino muy allegadas.
Justo al otro lado de la medianera que separaba a éste y el restaurante del colindante, el Concello de Muiños, se encontraban dos mesas populares con numerosos militantes y cargos, presidida la más larga por Baltar & Baltar (el orden de los factores no altera el producto); anecdóticamente, en una de ellas apareció uno de nuestros comensales de comida de primer viernes de mes sin Xantar y que nos había avisado previamente de su ausencia a la cita, amigo Miguel P. de Juan, que junto a Juan Cabanelas parecían ese día aviadores, y no precisamente de Iberia; resulta divertido observar las distintas reacciones de la gente al encontrarse en sitios inesperados y especular sobre las profesiones que les van en ese momento ¿verdad?
Con los postres veo a Nacho Rodriguez con otro Piñeiro, Antonio, en el mismo restaurante muiñeiro donde está el PP (bueno, gran parte del mismo, pues la corporación sin Baltar estaba en otro sitio distinto y alejado ¿por qué será?), junto al siempre cordial Daniel el Percebe y demás amigos de la prensa.
Veo a Jose Manuel Baltar pero no me atrevo a franquear esta línea de defensa que lo rodea, aunque me percato de lo que más me gusta de él; sin duda, cuánto más me fijo más lo veo, por encima de bronceado y sueldo, poder o capacidad, lo que más es María José, dicho con respeto y con flemón o sin él. Y hablando de mujeres, justo al lado nuestro y sin enterarnos hasta ese momento del adiós, estaba Elvira Gray, la trauma, con una amiga visitadora médica (hay que ver como la mujer ha ocupado este espacio de la visita médica, y sin Día Internacional de la Mujer). Ya café gratis para todos en stand Lisboa, donde lo degustan Juan Rego y Romero, mientras Elena Ribo nos informa de la presentación de los aceites ecológicos Abril en unos minutos. Así, con Pérez Canal y empresa chapeau que exporta a veintitantos países, me voy de retirada, más gordo, que de comida, de orgullo ourensano.