Hace poco, fui testigo de la intolerancia y grosería por parte de un conductor. ¿La causa? Un pequeño rasguño en su automóvil.
El causante de daño tan mínimo trataba de dar explicaciones, reconociendo que se había despistado al dar marcha atrás con su coche. Pedía perdón y ofrecía todos los datos del seguro correspondiente. ¡Ni por esas! El energúmeno berreaba y amenazaba al otro con no sé que cosas tremendas. Hasta creo que le ofreció unas 'ostias'.
En esta circunstancia, de un taller próximo, salió un joven mecánico que reconvino al violento y maleducado diciéndole:
¿Acaso, tu, al conducir, jamás has tenido un despiste? Estamos aquí para perdonarnos los unos a los otros. Este joven mecánico, en primer lugar, demostró ser buena persona, y, además, dio muestras de una educación cívica nada común por estas parroquias.
Hemos de saber que la tolerancia da como resultado que, en una sociedad diversa, plural, todos los ciudadanos podamos convivir sin violentarnos.
Ahora cabe una pregunta: ¿Debemos ser tolerantes con todo, en todos los casos y circunstancias? Por supuesto que no.
Existe una regla de oro, al respecto: 'Debemos tolerar a todos, menos a los intolerantes'. Y un teórico de la ciencia política escribe: 'La regla de la mayoría no es válida para las minorías prevaricadoras que, de llegar a ser mayoría, suprimirían el principio de la misma'. ¡Cuánto echamos de menos esa educación ciudadana!