Eduardo Blanco Amor y “La familia de Pascual Duarte”

Eduardo Blanco Amor y “La familia de Pascual Duarte”

La familia de Pascual Duarte, opera prima de CJC se publica en diciembre de 1942 en la Editorial Aldecoa de Burgos. Lleva unas viñetas preliminares de Domingo Viladomat. Casi un año después de las mismas prensas sale una segunda edición que fue recogida por la censura y prohibida hasta la cuarta edición, que vio la luz en Ediciones del Zodíaco de Barcelona, con prólogo de Gregorio Marañón, en 1946. De esta sucesión de ediciones en castdellano queda a menudo olvidada la tercera, que se editó en la colección Hórreo de Emecé editores, en Buenos Aires durante la primavera de 1945.

Cela relató en dos textos sucesivos –mayo del 46 y octubre del 55- la historia europea y americana de Pascual Duarte. Al referirse al contexto de la tercera edición escribe: “La publicó Emecé, en Buenos Aires, en la colección Hórreo, con el número 23. De los veintidós títulos anteriores, dieciséis son de escritores gallegos. La edición lleva un prólogo de los editores, está impresa en buen papel y con cuidado, y apareció en mayo de 1945. La viñeta que lleva en la portada no es bonita”. Por la razón que fuese, en este punto la información de los textos historiales de Cela es incompleta. Conviene saber que la colección Hórreo, como su compañera Dorna, fueron creadas, en el exilio bonaerense, por un alicantino aclimatado al Santiago de los años 20 y 30 del siglo pasado, Arturo Cuadrado (1904-1998) y por el dibujante, grabador y pintor Luis Seoane (1910-1979). La finalidad de ambas colecciones era la preservación de la cultura gallega. 

Así pues, en las prensas de la recién creada editorial Emecé (1939), fundada por dos gallegos –el ourensano Álvaro de las Casas y el coruñés Mariano Medina del Río- con el apoyo del argentino Carlos Braun Menéndez, y en el ámbito de Hórreo, aparece la tercera edición en español de la primera novela de CJC. Si bien de la edición de las obras que veían la luz en Hórreo y Dorna cuidaban preferentemente Cuadrado y Seoane, en el caso del Pascual el trabajo editorial fue del gran escritor ourensano, Eduardo Blanco Amor (1897-1979). Este dato prácticamente desconocido se lo confesaba el autor de A esmorga (1959) a Francisco Fernández del Riego (1913-2010), en una carta fechada el 6 de junio del 60, en la que se lamentaba del silencio de Cela sobre su obra, a pesar de haberle remitido un ejemplar, seguramente con la intención de que Papeles de Son Armadans se hiciera eco de la extraordinaria novela. La revista de Cela jamás atendió a Blanco Amor, quien escribía: “Xa me decataba que Cela non tería tempo para se ocupar dela. Tampouco eu o tiña cando consumín tres xuntanzas do Consello de Administración de Emecé Editores –ameazando, incluso, con dimitir- para que se resolvesen a publicar o Pascual Duarte, que saíu con prólogo e solapa da miña man e que foi o inicio do espallamento. E iso ocorría cando eu o tiña por un forte adversario político. Así son las cousas”.

La solapa y la “Noticia” de la edición del Pascual, sin firma alguna, subrayan el carácter de aldabonazo que la obra ha tenido en la narrativa española contemporánea. A juicio de Blanco Amor, tanto la promoción a la que pertenece Cela como la anterior habían volcado su producción en los dominios de la poesía y del ensayo, de ahí que “la aparición de La familia de Pascual Duarte fue, pues, saludada como un posible punto de enlace entre las esencias de la novela española tradicional y las modernas exigencias del género”. Enlace que veía preñado de originalidad, “pues no resultaba fácil el clasificar, dentro de los módulos comunes, la violencia y la pasión que sacuden este relato desde la primera a la última página, lindante con el folletín y el melodrama, sin dejar de ser una novela situada en la línea más rigurosa del género”. Blanco Amor prefiere el “puñado de brasas” de la novela a la exculpación moralizadora que CJC introduce en el prefacio (Pascual es “un modelo no para imitarlo, sino para huírlo”) y estima que la novela va urdiendo “un arco tenso de tragedia hasta dar con el blanco de la hazaña feroz”. Y añade –en una fina nota crítica- que el lenguaje bronco de la novela no es una aventura ociosa de palabras, sino “materia misma del relato”.

Aunque Cela guardó siempre un denso silencio sobre Blanco Amor, éste no dudaba en cerrar la “Noticia” con estas elogiosas afirmaciones: “Su ancho aliento no es prestado; conoce, sin embargo, el hondo ritmo de los maestros y ajusta a ellos su respiración con naturalidad. Y esto ya es mucho más que una promesa”. Y, aún más, en 1978, desde las columnas de La Voz de Galicia (21-VI) le calificaba de escritor gallego “de nación y temperamento”.