Envueltos en el bucle ruso

Envueltos en el bucle ruso

Nunca creí que la aceleración de los acontecimientos políticos pudiera llegar a ser tan intensa como vino siéndolo en las últimas semanas y continúa en las actuales. Es como si como si hubiese fallado un mecanismo, o mejor, como si hubiese saltado un muelle y todo empezase a salir disparado, sin tregua y a veces sin concierto, de un modo que se diría poco menos que desaforado, ajeno a todo control o lógica, cuando ese y no otro es el signo de los tiempos para los que inconscientemente nos hubiésemos estado preparando. Algo así como "sair dun souto, pra se meter noutro" que nunca había sido llevado a cabo con tanta celeridad como esta en la que se suceden ahora las noticias. Pero no voy a enumerarlas porque, a estas alturas del discurso político, ustedes estarán ya tan ahítos de ellas, como yo lo estoy, pues puede decirse que ha empezado a resultar ofensiva al menos para una parte de la población. No porque ataque, no porque haya emprendido una ofensiva, sino porque les ofende, sí, les ofende en sus sentimientos, a pesar de que no pocos ya se hayan dado cuenta de la existencia de una opinión internacional que juzgaba insólito el hecho de que la corrupción fuese inmune a cualquier tipo de penalización y a notar los efectos del bochorno político que a todos nos invadía. Así que vamos a hablar de otra cosa.

Isaiah Berlin dice que la metafísica alemana alteró radicalmente la dirección de las ideas en Rusia, tanto en la derecha como en la izquierda y por igual entre los nacionalistas, la iglesia -la ortodoxa, naturalmente- y los radicales políticos. Eso dice Isaiah Berlin. En Rusia, al menos en la Rusia que visité porque en ella han editado once de mis novelas, es decir en la Rusia que yo conozco, llama poderosamente la atención el número de hermosas esculturas de Pushkin que adornan sus plaza y jardines. Casi todas ellas son obra de Anikouchin, el gran escultor héroe de la Unión Soviética.

A lo mejor Pushkin no andaba demasiado por en medio de todos ellos, de toda la generación así afectada por la metafísica alemana, sino por en medio de nombres de otra generación anterior y eso hace que empecemos a entender la devoción de los jerarcas soviéticos por la obra del gran Pushkin e incluso de Anikouchin a quien yo, de la mano de Helena Zernova, visité en su grandioso estudio y a punto estuvo de meterme un grandioso clavo.

Siempre recuerdo, cuando hablo de estas cosas, que "el señor Ogando" me enseñó más Literatura en el Instituto del Posío que don Enrique Moreno Báez en la Facultad de Filosofía y Letras compostelana. Hoy vuelvo a hacerlo porque, si bien lo recuerdo, Pushkin va más asociado en mi memoria a Tolstoi que a Lermnontov o A Gogol y porque, si lo recuerdo mal, la culpa no será de ninguno de mis dos profesores sino tan sólo mía; a la vez que del hecho de que voy a tener que recurrir a Tolstoi para llegar a donde, después de tantas vueltas y revueltas, todavía pretendo llegar antes de poner punto y final a este página de hoy, tan endiablada

Lo digo porque Tolstoi, según insiste Isaiah Berlin, se sentía más cómodo entre los reaccionarios eslavófilos que entre aquellos escritores y artistas que podríamos considerar más suyos, porque compartía sus ideas, pese a que fuesen más suyos los sentimientos de aquellos; sentimientos que lo mantenían más en contacto con la realidad porque trataban, con más intensidad que las suyas, sobre el campesinado, la tierra, las tradiciones, el pueblo, en definitiva, sobre la Gran Madre Rusia, si me admiten que vaya simplificando mucho. La razón y el sentimiento tienen, tantas veces, caminos diferentes

Esto que queda dicho, o apenas esbozado, pudiera parecer algo forzado en exceso; más aun para un artículo en un diario como este en el que han escrito cosas tan serias y definitivas gentes como Otero Pedrayo o Vicente Risco. Pero el caso es que no se está tratando de explicarle a nadie aquel mundo sino tratando de comprender este de nuestros días, tan enrevesado como para que se haga de difícil comprensión la práctica ausencia de críticas hacia lo que está sucediendo en Cataluña y la que parece una dificultad congénita de nuestra gallega intelligentsia de izquierdas, llegada la hora de valorar las estupideces de la derecha nacionalista catalana. Una intelligentsia, esta nuestra y próxima, que las celebra y mantiene con su silencio, pese a todos los pesares, y a que, efectivamente, los pueblos tengan derecho a decidir sus destinos. ¡Ah!, es cómplice silencio de nuestros intelectuales verbalmente más izquierdosos, nacionalistas y radicales. A lo mejor es que estamos liados en un bucle como el que afectó a Pushkin y a Tolstoi.

¿En cuál metafísica se encuentra encapsulada esa crisálida que no da alcanzado nunca la posibilidad del vuelo? No creo que sea en la "metafísica da saudade" pues los afanes de Ramón Piñeiro provocaron, indujeron, si ustedes lo prefieren, la mayor parte de los logros que aportó la construcción de la Galicia autonómica y, al final, su "culturalismo" resultó ser de una enorme eficacia política; muy superior a otras, llegada la hora de evaluar el mantenimiento de nuestra lengua y de nuestra cultura, de nuestra propia forma de ocupar el mundo. Ya que no en saudosa ¿en qué sedosa metafísica estará envuelta la crisálida en la que se resume toda nuestra intelligentsia? Díganlo ustedes, yo tan solo lo supongo.