Ahorro femenino

Nada escapa a la desigualdad entre géneros. Las diferencias entre sexos atraviesan todos los ámbitos imaginables. Pero cuando abordamos los temas económicos el resultado es casi más impactante. Desde este rincón de opinión me he referido en múltiples ocasiones a la nefasta brecha salarial, ese concepto tan técnico que hace referencia a una realidad tan injusta: las mujeres ganan, en España, una media de un 19% menos que el hombre por un trabajo similar. Pero es que, además de ser una injustica, esta diferencia provoca una cascada de consecuencias tan o más abusivas. Así lo demuestran los datos del tercer estudio “Comparación online hacia el ahorro inteligente”. Un análisis detallado sobre la capacidad y los hábitos de ahorro de los españoles y las principales diferencias en cuanto a género. Ni siquiera a la hora de ahorrar son iguales mujeres y hombres.

Las cifras son elocuentes: casi el 38% de las mujeres no es capaz de ahorrar nada al mes mientras que en el caso de ellos la cifra baja al 28%. Y las que lo consiguen son muchas menos que ellos. Así, más del 70 % de los encuestados varones puede reservar algo de dinero, mientras que entre ellas el índice baja a un 62%, casi diez puntos de diferencia. Y además las cantidades ahorradas son también menores en el caso femenino. La explicación es obvia. Si las mujeres ganan menos que los hombres es lógico que su capacidad de ahorro sea también menor. Esta es una de las funestas consecuencias de la brecha salarial que define nuestro mercado laboral.

Pero esta no es la única diferencia en materia de gestión económica familiar. El estudio constata que en cuanto a las medidas de reducción de gastos las mujeres son las que más se aprietan el cinturón. Es decir, que no solamente ganan menos que ellos sino que, además, se ven obligadas a contener el gasto familiar. Comparar precios y aprovechar promociones se convierte en una tarea cotidiana.

No es de extrañar, pues, que ellas tengan una percepción mucho más negativa sobre su situación económica personal, un sentimiento que ahonda en el de la desigualdad. El aspecto positivo del estudio revela que las mujeres son mejores planificadoras de sus presupuestos y son mucho más conscientes de la necesidad de ahorrar. Más del 70% declara realizar una planificación mensual y, además, afirma respetar el presupuesto.

Más allá de las diferencias inherentes a sexos distintos, las existentes en materia económica son producto de una discriminación social y cultural, de una entrada tardía y en peores condiciones al mercado laboral y, por supuesto, de una falta de reconocimiento social a la fuerza de trabajo femenina. A partir de ahí las consecuencias van en cascada y determinan nuestro comportamiento y la gestión del presupuesto familiar. En definitiva, la capacidad de ahorro no tiene que ver con un componente psicológico, moral o cultural, sino con un elemento mucho más tangible: ahorra más quien más gana. Así de simple.