Conciliadas

Es mediodía cuando a mi peluquera le suena el móvil. Es la directora del colegio de sus hijos. Tiene tres. Le comunican que debe ir a recoger al mayor porque está con fiebre y vómitos. Cuelga y llama a su padre: “Papa, ¿puedes ir a recoger al niño?”. “Si no tuviese a mis padres yo no podría trabajar, me resultaría imposible”, me explica. Esto es conciliar.

Conciliar en España hoy por hoy es tener padres y suegros, cuidadoras y canguros, servicios de guardería en los colegios, campamentos durante las vacaciones, etc. En estas circunstancias una mujer con perspectivas profesionales, es decir, que desee llevar a cabo una carrera profesional, que no esté dispuesta a sacrificar su trabajo por ser madre, lo tiene difícil si no cuenta con un entorno familiar que le apoye.

Es verdad que no se tiene hijos por que haya más o menos guarderías en el barrio. Tampoco porque se entreguen cheques bebé o se practiquen rebajas fiscales. Felizmente la maternidad tiene que ver con algo mucho más profundo e intangible que nos define como especie. Pero es también evidente que el instinto de reproducción y el sentimiento de satisfacción que produce traer niños al mundo pueden ser promovidos y estimulados.

Llevamos años escuchando que Galicia tiene un problema demográfico de envergadura. Que tenemos una pirámide poblacional invertida, esto es, que cada vez son más los mayores de 65 años y menos los niños. Con mayor alarmismo unos que otros todos los expertos vaticinan que, de no cambiar la tendencia, tendremos un serio problema para financiar las pensiones.

Desde los ámbitos de la gestión sanitaria nos avisan también que vivir más está muy bien porque eso nos equipara a nuestros vecinos ricos del norte, pero que la otra cara de la moneda es que el gasto sanitario y farmacéutico se disparará y alguien debe pagarlo. Si nuestra población en edad laboral se reduce está claro que tenemos un problema grave.

Desde el punto de vista de la natalidad es evidente que son necesarias políticas de motivación que estimulen a las mujeres a tener hijos. Lo primordial es acabar con el sentimiento de que se debe elegir entre trabajo e hijos. Es inaudito que hablemos de pirámide invertida y al mismo tiempo tengamos profesionales que se planteen no ser madres porque es incompatible con su trabajo.

El asunto no tiene desperdicio: varias generaciones de mujeres pelean por el derecho de las mujeres a incorporarse en condiciones iguales al hombre al mercado laboral. Y luego las echamos si quieren ser madres.

Hace unos días la Xunta de Galicia anunció que pone en marcha un paquete de medidas para impulsar la conciliación. Incremento de número de plazas en las guarderías, el Bono Concilia, una ayuda directa a los padres para el pago de una escuela infantil en caso de no poder acceder a una escuela pública son algunas de las medidas.

Dos llaman la atención: la primera es la convocatoria de una línea de subvenciones para financiar la construcción de escuelas infantiles en polígonos empresariales. Con esta ayuda se contempla que puedan crearse al menos 7 escuelas infantiles entre este año y el 2017.

La otra medida es la incorporación de cláusulas sociales en los contratos de licitación de la Administración autonómica. Así, si existe empate entre dos empresas que opten a un contrato se primará a la compañía que tenga un plan de fomento de conciliación dentro de su cuadro de personal. Ambas medidas son de interés porque no se puede hablar de conciliación sin implicar a los protagonistas: las trabajadoras conciliadas y las empresas. Veremos el resultado.