Hartazgo del discurso feminista

Hartazgo del discurso feminista

Desde hace escasos cien años las mujeres pueden votar en Europa. Antes, ese gesto tan natural estaba prohibido para el sexo femenino. El 6 de febrero de 1918 los británicos lo aprobaron por ley aunque con una salvedad importante: sólo podían votar las mayores de 30 años, ocho millones de mujeres pudieron ejecer el voto. El resto tuvo que esperar diez años más para votar en las mismas condiciones que los hombres: a los 21 años.

El reconocimiento de este derecho básico en democracia se consiguió gracias a la labor incansable de las históricas “sufragistas”, esas mujeres que desafiaron a un sistema que marginaba al sexo femenino de la toma de decisiones. Sin embargo fueron ellas las que tomaron las riendas del sistema productivo cuando los hombres se marcharon a la guerra, ellas mantuvieron la retaguardia económica del país. Tanto es así que algunos historiadores consideran que más que la lucha de las sufragistas, fue el establishement británico quien aceptó el voto como una forma de recompensa por el trabajo de las mujeres durante la guerra. 

Lo cierto es que el mundo empezó a cambiar entonces. Aunque a velocidades harto distintas. En España hubo que esperar. Clara Campoamor, promotora fundamental del voto femenino, lo consiguió en 1931 y fue ejercido en las elecciones de 1933. Las francesas tuvieron que esperar hasta 1944, las suizas lo consiguieron en 1971 y en algunos paises del Golfo las mujeres aún hoy no saben lo que es votar.

El voto femenino cumple cien años en un momento en el que hay distintos frentes abiertos en materia de igualdad: polémica por el movimiento #Metoo, constantes denuncias por acoso sexual, hasta los últimos informes en materia de brecha salarial nada halagüeños. Eso sin contar el lamentable espectáculo lingüístico que algunos políticos utilizan para obtener de forma barata un titular en los medios.

Escucho a menudo comentarios masculinos sobre un cierto hartazgo del “discurso feminista”. Parece que se está produciendo una cierta saturación y que algunos líderes de opinión en medios, políticos, incluso empresarios, existe un sentimiento de hastío. Como en muchos otros asuntos es posible que en materia de igualdad de sexos se esté produciendo un efecto llamada que añadido al comportamiento compulsivo de los medios que cogen un tema y no lo sueltan en varios días, provoque ese sentimiento de saturación.

Vuelvo al aniversario del voto femenino: fue hace sólo cien años. Hasta hace poco las mujeres no podían comprar una propiedad ni viajar sin la autorización de su marido. Hasta hace nada, 1965, las mujeres no podían ser juezas en España. Hasta hoy mismo, en este mismo momento, miles de niñas africanas están siendo sometidas a la barbarie de la ablación. Y muy cerca de nuestras casas hay “manadas” dispuestas a violar a una chica con una minifalda. Algunos informes hablan de una brecha salarial de casi un 30% en determinados sectores. ¿Hartazgo? Seguramente.

Pero creo que aún quedan muchas cuentas pendientes.