Macro mujeres

Nunca me ha convencido la visión reivindicativa del feminismo, es más, nunca me he sentido ni definido como feminista. Simplemente porque creo que el debate no debe ser planteado como una dicotomía hombre/mujer, ni tan siquiera como una batalla a la que le vayamos arrebatando derechos a los varones. Soy una convencida de que la participación de las mujeres y su “empoderamiento” no les beneficia sólo a ellas sino al conjunto del colectivo humano.

Pero tampoco  creo que haya que renegar de la necesaria y larga lucha feminista llevada a cabo por millones de mujeres en el mundo en otras décadas.  Como cualquier movimiento social este se adapta y se produce en un contexto histórico determinado  y es evidente que hoy, siglo XXI, la batalla por la equidad y paridad tiene unos componentes y características muy distintos a los de principios del siglo XX o a nuestros años 70 más recientes.

Desde hace tiempo surge una corriente que reflexiona sobre la idea de que además de las razones de carácter social y de justicia en el reconocimiento integral de las mujeres, también existen razones económicas de peso para apostar por una participación femenina plena en la actividad económica.

Parece que los más doctos economistas mundiales han descubierto que esto de la igualdad de género no esta sustentado en un simple discurso de liberación femenina sino que existe un profundo trasfondo económico que, de llevarse a la práctica, podría traer consecuencias macro económicas hasta ahora ni siquiera imaginadas.

La teoría llegó hace ya unos años al propio Fondo Monetario Internacional, esa entidad que no tiene muy buena prensa, a pesar de estar dirigido actualmente por una mujer, porque su labor en los años de la crisis ha dejado un tanto que desear. El FMI elaboró así un extenso informe que se titula “Las mujeres, el trabajo y la economía: beneficios macroeconómicos de la equidad de género”. En él se detallan los argumentos para promover entre los estados una verdadera política de incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral en el conjunto del planeta. De más está decir que las consecuencias de esta decisión son diversas según el estado donde se lleven a cabo. Así, en un país como Egipto, el PIB (Producto Interior Bruto) podría aumentar en un 34%, en los Estados Unidos el incremento sería del 5%. 

Por ello resulta tan importante que un grupo de profesores e investigadores agrupados en el Grupo Colmeiro apueste por hacer una reflexión sobre los argumentos económicos para la igualdad de género. Es de agradecer que desde el ámbito investigador este grupo de análisis aborde un tema que, también para Galicia, puede suponer abrir una nueva puerta al crecimiento económico. Lo harán el 21 de septiembre en Vigo en una jornada cuyo título lo resume todo:  “La igualdad de género como estrategia de crecimiento”. Parece que, al fin, las mujeres entramos en la macroeconomía.