¿Las mujeres primero?

¿Las mujeres primero?

Supongo que usted que lee estas líneas estará harto del análisis político cotidiano pero me va a permitir que hoy entre yo también al ruedo. Le pido disculpas de antemano pero es que no lo puedo evitar.

Una de las cadenas privadas , Antena 3 Televisión, anunciaba para el 9 de junio un debate electoral entre 4 mujeres representantes de los cuatro principales partidos que pugnan en las próximas elecciones del 26J. Este es el último invento de esta campaña publicitaria permanente en que se está convirtiendo la política.

Esta manía de feminizar las cosas creyendo que en eso consiste la igualdad es de una simpleza asombrosa, conste que no es la primera vez y que entidades de prestigio como el Foro Económico de Davos también hicieron lo mismo con un fracaso estrepitoso.

Pero más sorprendente es, si cabe, que las políticas que participarán en este show, lo consientan.

Parece mentira que mujeres inteligentes como Margarita Robles (PSOE), Inés Arrimadas (Ciudadanos), Andrea Levy (PP) y Carolina Bescansa (Unidos Podemos) acepten entrar en este juego de cumplir con el “molesto” tema de la igualdad, simplificar el asunto y ver si las 4 mujeres juntas hacen subir el share de la cadena.

¿De qué hablamos? ¿De jugar a la igualdad?, ¿De compensar que en el debate de candidatos -el de verdad- no haya ninguna mujer?

Persistimos en el postureo permanente: que no se diga que no estamos por el equilibrio de género, que nadie se atreva a poner en duda nuestro compromiso con la igualdad y nuestra apuesta por la paridad, etc.

En definitiva, somos tan igualitarios que les damos un programa completo para ellas... Y en prime time, ¡no se quejarán! Sólo falta que el moderador les pregunte por las nuevas tendencias del verano o las gastroenteritis infantiles… ¿Bescansa llevará a su pequeño?

Si llevamos la lógica hasta el final ¿por qué no convocamos para el 25 de junio las elecciones para las mujeres y el 26 para los hombres? Si ellas debaten entre ellas y los hombres entre hombres, también sería lógico que cada uno tuviese sus elecciones y, si me apuran, hasta urnas rosas para las señoras y azules para los caballeros.

Parece mentira que a estas alturas del partido, como diría un futbolero, no hayamos entendido aún que nuestra pelea es por la igualdad y paridad en la participación de manera global en todos los ámbitos de la vida. Esto quiere decir plena integración. No se trata de crear versiones femeninas de las cosas. Resulta incomprensible que las mismas personas que se horrorizan por la educación segregada planteen o acepten el mismo mecanismo para un debate político.

El asunto de fondo es que, por desgracia, entre los principales candidatos a estas elecciones no hay mujeres. Este es el quid de la cuestión y esto es lo que es necesario resolver.

El debate de chicas es un burdo intento de compensación que no nos vale.