MUY DOLOROSO

Desde que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo procediera hace un mes a derogar la conocida como 'doctrina Parot', han sido un total de 36 los miembros de ETA que han ido saliendo de las cárceles donde cumplían sus penas por múltiples asesinatos. Además han quedado libres cinco miembros de otro grupo terrorista, los Grapo, y varios violadores o asesinos en serie, lo que también ha creado la consiguiente alarma social. Este goteo de excarcelaciones continuará en las próximas semanas, una vez que el Tribunal Supremo decidiera que el fallo de Estrasburgo debía ser aplicado por la Audiencia Nacional y por las diferentes audiencias provinciales a todos aquellos presos que se hubiesen visto afectados en su día por la aplicación de la citada 'doctrina Parot'.


No por esperado está resultando menos doloroso -fundamentalmente para las víctimas del terrorismo- ver como los asesinos de sus seres queridos quedan en libertad y vuelven a sus lugares de origen donde, eso sí, se están evitando por parte de la denominada izquierda abertzale actos de recibimiento y homenajes públicos a esos terroristas, para evitar caer en el delito de apología del terrorismo. Las imágenes que hemos visto estos días de terroristas tan sanguinarios como Inés del Río, José Luis López Ruiz 'Kubati', José Zubieta Zubeldia o Jesús María Zabarte Arregui conocido como 'el carnicero de Mondragón' saliendo de la cárcel, producen en la sociedad una sensación de asco, repugnancia y plantea la pregunta de cómo es posible que se haya llegado a esta situación sin que nuestro Estado de derecho lo haya evitado.


Los ciudadanos tienen que saber que lo que se está viendo, viviendo y sufriendo estas semanas es consecuencia directa del suicida proceso de negociación política que el expresidente Zapatero llevó a cabo con ETA en los años que estuvo en la Moncloa y que su sucesor, Mariano Rajoy, no ha hecho nada, en los dos años que lleva en la Presidencia del Gobierno, por modificar esa 'hoja de ruta' que heredó de su antecesor. Con lo cual, aquí las responsabilidades están repartidas: las del expresidente socialista, por acción y las de Rajoy, por omisión.


Pero el hecho cierto es que las víctimas del terrorismo, y con ellas muchos ciudadanos, están absolutamente desoladas y tienen la impresión que al final han sido traicionadas por las instituciones, por el poder político y por el judicial. Tienen muchos motivos para sentirse así. Cuando las víctimas, que siempre han dado un gran ejemplo de entereza y fortaleza moral ante la desgracia que han tenido que vivir; cuando nunca se han tomado la justicia por su mano, están viendo que les falla precisamente esa Justicia, ¿qué les queda?, ¿en quién van a confiar?