Espasante- Acantilados de Loiba -Esteiro

Vistas desde uno de los miradores, con "mellor" banco, propuestos en la ruta.
Vistas desde uno de los miradores, con "mellor" banco, propuestos en la ruta.
Espasante- Acantilados de Loiba -Esteiro

Uno de los más hermosos recorridos a pie por la costa de lo que uno conoce de Ribadeo en la desembocadura del río Eo hasta la del Miño, en A Guarda, es ésta de los acantilados de Loiba, que toman el nombre por la parroquia próxima. Un litoral salpicado de recónditas playas, algunas situadas 100 metros más abajo, a las que se accede por zigzagueantes senderos que exigen una buena preparación física. De aquí que algunas de la casi docena de playa avistadas no se halle ni un bañista.

The best bank of de World o O mellor banco do mundo, un invento sino esperpéntico si desmesurado cuando hay muchos otros en el recorrido que podrían llevar el sobrenombre, pero no del mundo que es muy amplio para, categóricamente emplear la denominación.

Una ruta en la que se pueden emplear cuatro horas, cinco si se baja a las playas de Picón, Carros, Furada, entre el cabo de Ortegal y la Estaca de Vares, que antaño de escasísimos visitante y ogaño de numerosos.

La ruta que se propone o bien se inicia en la playa de Esteiro de Vares o en la de La Concha en Espasante. Lo mismo da en una que en otra…pero yo que las recorro en ambas direcciones, prefiero la de Espasante a Esteiro. Esta ruta es lineal, salvo que se quiera volver por el mismo camino, lo que la convertiría en una andadura de dificultad media con 32 km.

Varios amigos en ruta

Una soleada mañana, que no tan escasas como se atribuyen al Cantábrico, nos situamos en aparcamiento de la Playa de la Concha, que rememora, en pequeño, a la famosa de San Sebastián, que de tranquila con los justos bañistas, cuando caminamos tras las casi cabañas de un dunar casi plano paralelo a la que podrían recordarnos, salva su distancia con las de Costa Nova en Aveiro. Un camino nos hace ascender un poco para rodear la península, acceder a las cercanías del Castro y la capilla, y llanear hasta la playa de San Antonio, que si en marea baja de fácil paso porque un promontorio con ella alta no te permite enlazar sino a través de empinado sendero, con bajada ayudado de cuerda, lo que te mete pasada otra peninsulilla en la acogedora, por pequeña, playa de Mazorgán donde unas casas de veraneo de más concentración que la docena de ella de la aldea próxima.

Playas, aguillós y furnas

Nosotros pasamos un poco de la playa Sardeira, porque si continúas te arriesgas a una subida para retomar el camino un tanto difusa. Así que continuando nos asomamos, dejando de lado varias aldehuelas, hasta el banco sobre la Playa Furada, en la que apetece sentar posaderas por unos minutos para contemplar el cabo Ortegal, Cariño, la sierra de A Capelada, y, sobre todo, la Piedra Furada a modo de furna, que invita a bajar por pista revirada que a al final, difusa, te deja en la playa. Como estaba la bajamar unos cuantos a través de sus arenas grises, como de desmenuzada pizarra o gneis, pasamos a la de Fábregas y de ésta a la de Carros donde la ladera llena de helecho invitaba al recogimiento o al baño, que dimos como los cánones demandan, porque solitaria, aunque uno de tan emocionado a punto de ser llevado mar adentro por una imperceptible resaca que obliga a bajar la guardia. Superado el trance por nuestros gritos consejeros, todos la emprendimos agarrados a cuerda para salvar un desnivel de 20 metros, que nos situaba en sinuoso sendero a veces imperceptible por los instantes helechos o fentos; con cierto esfuerzo ganamos la altura del mirador de Mourama, que invita a disfrutar del panorama y nos sitúa en camino compactado que te lleva, dirección este, como íbamos hasta o Millor Banco do Mundo, que grabado a soplete en el respaldo de madera; un peligro para hacer fotos porque cualquier descuido te precipita al abismo marino.

Hicimos fotos, pero sin uso bancario más allá del minuto porque es tanta la gente que hay que repartir. Una locura en la que se ve que una divisa bien promocionada vende, y ésta tanto que da sobrada vida a chiringuito cercano, donde bancos y mesas ensamblados, te asoman a la playa de Picón, tan cinematográfica, porque ha sido rodada en varias ocasiones.

Playa de Picón y acantilados

Algunos a aguas, otros a cervezas, la más de media docena de caminantes bajaríamos a la paya de Picón, por sus escalinatas de peldaños de madera, que en unos minutos te deja en la pequeña playa que cuando la marea alta ni se ve. Otros más minutos nos devolvieron al mirador de la playa, a la aldehuela de algunas casas restauradas y un par de ellas de diseño, hasta dar con torre de vigía y defensiva o que se tomaría por palomar.

Aquí comienza otro recorrido sin desperdicio y el más constante sobre el litoral acantilado, que te deposita en otro banco que bien podría superar al mellor, con subidas y bajas, alcanzamos otros miradores y en el Couto Lousido avistamos la más que hermosa playa del Esteiro de Vares, entre las puntas Herbosa y Vilardeira, cuando recordamos el escenario de tantos naufragios, el más sonado el del submarino U-966 en la Segunda Guerra Mundial, averiado y hundido por los Aliados del que se salvó más de la mitad de la tripulación, entre ella su comandante ,que retornado años después, quiso que sus cenizas reposasen en su sumergida nave. Un nieto tiene el chiringuito de Esteiro. Con este recuerdo iniciamos la bajada y en el llano ladeamos la ría del Esteiro hasta un puente de madera que se prolonga en maderero paseo hasta la misma playa del Esteiro, que muchas hay con ese nombre, pero que por aquí conocidas las de Vares y Faro.