Debate inútil

De entre todos los formatos posibles para celebrar un debate parlamentario sobre las pensiones, el elegido por el Gobierno fue el que menos favorecía la posibilidad de llegar a acuerdos. Siendo como son las pensiones materia tan sensible, lo aconsejable era apostar por un debate al que se hubiera llegado teniendo sobre los escaños propuestas consensuadas en la subcomisión del Pacto de Toledo.

El Pacto que nació en 1995 con el compromiso de detraer las pensiones del debate partidista como medida de precaución para evitar por una parte el rodillo de la mayoría parlamentaria de turno y por otro la demagogia.
 Aznar (PP) y Zapatero (PSOE) respetaron el consenso que era la razón de ser del Pacto de Toledo, pero en noviembre del 2013 el Gobierno presidido por Mariano Rajoy aprobó (sin consenso) una reforma de las pensiones que desligaba su crecimiento de la inflación. Fue opinión muy extendida en aquellos días que el pacto de Toledo había quedado herido de muerte.

Y en ese estado convaleciente ha llegado hasta hoy cuando tan útil resultaría su vigorización a los efectos de consensuar fórmulas y propuestas capaces de asegurar el presente y el futuro de las pensiones. No sería cuestión menor transmitir un mensaje de tranquilidad a los nueve millones de jubilados y otros pensionistas que sobrados de razones para sentirse inquietos vienen protagonizando movilizaciones en las principales ciudades españolas y anuncian otra para el próximo sábado día 17.

Por el formato elegido, el debate celebrado en el Congreso era el menos idóneo para restañar las heridas dejadas por la pérdida del consenso que, como queda dicho, era el espíritu del Pacto de Toledo. El debate se celebró a petición del Gobierno, formato que otorga ventaja al presidente que dispone de intervenciones sin límite de tiempo estando tasado el de los portavoces de los grupos.

De hecho Mariano Rajoy optó por esta fórmula sabedor de que todos los partidos de la oposición reclamaban debatir sobre la cuantía y vigencia de las pensiones a la vista de que decenas de miles de jubilados y pensionistas indignados ya habían decidido pasar a la acción tomando la calle. El PP, tradicionalmente, tenía un caladero de votos entre de los pensionistas. Al decir de las encuestas ese apoyo podría estar declinando. Ese dato, unido al clamor de la calle tomado por los pensionistas, aconsejó al Gobierno mover pieza. Celebrar un debate fue la salida. A la vista del resultado, ha sido un debate fallido. Todo sigue en el aire.