El indulto

La "casta" tira al monte. La propuesta de Miquel Iceta de indultar a los dirigentes separatistas encarcelados y prófugos es peor que un error, es una indignidad. No olvidemos que los procesados lo están en razón de indicios más que abundantes de prevaricación y malversación de caudales públicos por la presunta financiación de diversas iniciativas encaminadas a realizar un referéndum declarado ilegal por el Tribunal Constitucional. Por no hablar de un posible delito de conspiración para la sedición que en última instancias habrá de ponderar el juez instructor del Supremo.

Cuesta creer que el candidato del PSC hubiera abanderado semejante petición de gracia de no asistir a los mencionados presos y prófugos la condición de políticos nacionalistas o de izquierdas.

Iceta es un ciudadano que lleva toda su vida viviendo dé y para la política. Se mueve en un mundo en el que los políticos se configuran como casta. Discuten en público, teatralizan sus diferencias, se dan incluso a los aspavientos, pero así que se apagan los focos de la televisión, en privado, se suelen llevar estupendamente. En el caso de Cataluña la excepción, la raya que separa esa complicidad estableciendo una frontera, se establece para los políticos de los partidos señalados como españolistas. Caso en estos tiempos de Ciudadanos y del PP.

Con los separatistas ya sean de ERC (Junqueras) o de JxCatalunya (Puigemont), Iceta se lleva divinamente. En la cúpula del PSC late un corazón cuya sístole siempre devuelve un latido nacionalista que soportan con resignación los socialistas del PSOE de toda la vida. Los que antaño votaban a Felipe González y ahora, al decir de las encuestas, podrían votar a Ciudadanos. Cuando Iceta declara que no votaría a Inés Arrimadas como presidenta de la Generalitat (Ciudadanos supera al PSC en las expectativas de los sondeos), no hace sino explicitar uno de los grandes prejuicios de la "gauche" catalana. Un escrúpulo que no le impide proponer indultos para los separatistas en prisión al tiempo que niega su apoyo a dirigentes que defienden la Constitución. Extraña el silencio de Pedro Sánchez ante tamaño dislate político. O quizá no tanto. El PSOE ya no es lo que fue.