La decadencia de Podemos

La decadencia de Podemos

Hace cuatro años Podemos estaba de moda. Ahora parece haber entrado en una etapa de decadencia política abierta a la indiferencia social. Hasta hace poco las gentes que les seguían formaban una multitud transversal. Era un movimiento de inconformistas en el que jóvenes estudiantes y profesionales en busca de futuro se daban la mano con jubilados que no habían perdido la ilusión de construir un país más solidario. Era una tropa de indignados en la que se mezclaban las víctimas de los miles de desahuciados a los que antes nadie prestaba atención con los excluidos por los ajustes provocados por la Reforma Laboral impulsada por el Partido Popular con el apoyo de los nacionalistas catalanes -hoy, por cierto, abiertamente separatistas-.

Era un movimiento descentralizado en el que confluían las diferentes sensibilidades políticas que conforman el espectro de la izquierda española. Cuando Pablo Iglesias, el más conocido de sus líderes, maniobró (Vistalegre II) para convertir el movimiento en partido político de corte leninista, concentrando poderes y diseñando una estructura centralizada que excluía a otros líderes (Errejón), dio el primer paso en el camino que está llevando a Podemos hacia un significativo retroceso en las preferencias de los electores.

La decepción tiene más causas. Las intervenciones parlamentarias no pocas veces histriónicas de algunos de sus portavoces tampoco han favorecido la consolidación de esta organización como un partido fiable capaz de dar prioridad a lo prioritario: plantear iniciativas encaminadas a reducir las desigualdades sociales.

También fue motivo de desconcierto entre los votantes de izquierdas que Iglesias no apoyara a Pedro Sánchez, un candidato socialista, para llegar a la Presidencia del Gobierno. Iglesias erró el análisis. Creyó que la crisis del PSOE abría las puertas al "sorpaso" que depositaria en Podemos (es decir en su persona) el liderazgo de la izquierda. Se equivocó. El resultado de aquél error es que quien está en La Moncloa es Mariano Rajoy. Tampoco estuvo muy afortunado Iglesias en la crisis catalana dónde arrastró a Podemos a una posición tan ambigua en relación con los separatistas que descolocó a sus electores. Lo pagó en las urnas el 21 de diciembre en Cataluña y lo sigue pagando en las encuestas en el conjunto de España. Son algunos de los factores que ofrecen luz para entender la decadencia de este organización que nació de un impulso que quería transformar España y a la postre ha devenido en un partido de poder convencional. Uno más.