Oportunistas

Alrededor de la tormenta parlamentaria desatada por la aprobación del Cupo vasco hemos tenido un ejemplo de libro de una forma de estar en política en la que los principios quedan para ser proclamados en las campañas electorales y pasan a ser olvidados así que se conoce el resultado de los comicios.
Cuando el Gobierno socialista de Zapatero aprobó el Cupo vasco (la cuantía de este instrumento tributario y financiero se fija cada cinco años), el entonces líder de la oposición, Mariano Rajoy, criticó el acuerdo alcanzado entre el PSOE y el PNV diciendo que el Gobierno: "Se había bajado los pantalones".

El pasado jueves era el Gobierno que preside Mariano Rajoy quien aprobaba el nuevo Cupo concertado con Vitoria. A cambio, como es público y notorio, el PNV apoyará los Presupuestos del 2108. En el transcurso del debate, el señor Montoro, ministro de Hacienda, tildó de "oportunista" al líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Como es sabido este partido además de estar en contra del Cupo es partidario de acabar con el Concierto. El PNV apoya y defiende la singularidad del Concierto recordando que es un derecho histórico reconocido por la Constitución. En cambio, en la polémica desatada por el "procés" independentista apoyaba la tesis del "derecho a decidir" (referéndum unilateral) defendida por los separatistas catalanes pese a su manifiesta inconstitucionalidad. Cada uno va a la suya.

El PSOE (Pedro Sánchez) proclama que los socialistas nunca apoyarán en Cataluña a un gobierno presidido por Inés Arrimadas ("porque Ciudadanos es la media naranja del PP") pero olvida que en Andalucía, Susana Díaz gobierna en San Telmo gracias al apoyo del partido al que Sánchez está estigmatizando. En parecido registro de incongruencia, Albert Rivera, que critica con notable dureza al Gobierno del PP por la aprobación del Cupo vasco (el "cuponozo" según su decir), mantiene un pacto parlamentario con el PP que conduce a votar a favor de los Presupuestos de los que saldrá la partida destinada al denostado Cupo vasco. Ya digo, sobran oportunistas pendientes de las próximas elecciones y faltan estadistas pensando en las próxima generaciones.