España, sin el 155, ¿cómo será?

España, sin el 155, ¿cómo será?

Nos habíamos acostumbrado a Rajoy, al 155, a las paradojas, al surrealismo que desembocó en la moción de censura y en sus resultados. Ahora todo viene nuevo: desde el presidente prometiendo el cargo sin crucifijo, que tampoco es para tanto ruido, hasta el "president" haciendo que su Govern tome posesión sin una sola mención al rey que ahora cumple cuatro años de sobresaltos en el trono, ni a la Constitución, que brilló por su ausencia en el acto de Barcelona. Lo primero que hicieron los flamantes "consellers", tras su cónclave ante el gran cuadro de Tapies en el Palau de la Generalitat, fue sacar al balcón una pancarta pidiendo "llibertat presos politics i exiliats". Así, en catalán. Y en inglés. No, en español, no. Toda una muestra de lo que le espera al aún no estrenado -ni ministros tiene, aunque sí muchas quinielas de ministrables- presidente del Gobierno del Reino de España, don Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

Y ¿cómo será esta España que inicia una especie de segunda transición sin la efigie clásica de Rajoy (que tendrá que reinventarse a partir de este martes), sin la espada de Damocles del 155 en Cataluña y con la sensación de que son muchas, demasiadas, las cosas que han cambiado en menos de una semana? Si le digo mi verdad de veterano mirón de las cosas de la política, en estos momentos no tengo la menor idea. Apenas me quedan dos a tres certidumbres.

Sé, por ejemplo, que Sánchez tendrá que dialogar, Rajoy no lo hizo, en la Moncloa con Quim Torra, y que este tendrá que arriar alguna bandera a cambio de algunas concesiones: si alguien piensa que este Gobierno Sánchez es el que va a facilitar la independencia de Cataluña, yerra de extremo a extremo. Sé también que el nuevo presidente tendrá que anunciarnos, lógicamente antes del Consejo de Ministros del viernes, quiénes formarán el nuevo Ejecutivo, que saldrá, más o menos, de la treintena de nombres, casi todos, a mi entender, "sensatos" al menos, ya que no estadistas, que andan por ahí barajándose. Y luego tendrá que explicar a los periodistas cuál diablos es su programa de aquí a que tenga por fuerza que convocar elecciones, cosa que, desde luego, parece no pretender a corto plazo.

Y sé que en la "nueva" Moncloa, donde no se ha producido ni siquiera un deseable, pausado, traspaso de poderes, esperan algún mensaje procedente de Berlín (y no solo, por cierto, de Merkel, que no aprecia mucho a Sánchez), y también de Bruselas, donde Juncker, aunque lo disimula, no olvida, parece, viejos agravios procedentes del nuevo "premier" español. No hablemos ya de Trump, cuya sintonía con el "estilo Sánchez" no puede, en principio, ser menor. Por cierto ¿estarán el embajador "político" en Washington y el de las Naciones Unidas entre los dos mil relevos esperables en los "segundos escalones"?

El caso es que el inesperado inquilino de la Moncloa tiene todos los frentes abiertos. Incluyendo llegar a esos "pactos de Estado", que ahora van más allá de lo tradicional en estos casos, con la también vieja/nueva oposición, que engloba a Rajoy -que no creo que dimita de inmediato, aunque empiece a pensar en su definitiva retirada-, a Rivera, que busca nuevas estrategias "españolistas" y, claro, a Pablo Iglesias, que ya ha comenzado a dar muestras de su habitual intranquilidad. ¿Propiciará Sánchez, además de una puerta abierta a Torra, esa fotografía "a tres" o "a cuatro", o sea, él mismo, Rajoy, Rivera, Iglesias, a la entrada del edificio monclovita para, desde allí, lanzar un mensaje de unidad de la Patria?

Y es que tengo mi bloc de notas lleno de interrogantes: ¿nueva -y, por tanto, mejor- política de comunicación oficial, sin cazas de brujas? ¿Quién será el nuevo fiscal general del Estado y qué política hará de cara a Cataluña, donde la situación de prisión preventiva de los independentistas no puede prolongarse mucho más? ¿Un estilo de gobernar más fresco, más cercano a la gente? ¿Iniciar ya mismo una efectiva reforma de la Constitución, que incluya el reforzamiento de esa también nueva Monarquía, que cumple ahora cuatro años?

No sé si en la cabeza de Sánchez, lo digo sin el menor asomo de ironía, caben tantos temas de Estado. Confío en que sí, por el bien de ese mismo Estado, que sucede que somos usted, yo, todos.