Aquí damos palmaditas

Aquí damos palmaditas

Paula Ginzo se formó en el Bosco y en el Carmelitas. El mismo club que jugó y compartió Liga Femenina 2 con el Pabellón. Ahora viste la camiseta del Al-Qazeres, rival habitual entonces de los equipos ourensanos y ahora en la máxima categoría. Como el Ensino de Lugo o el Uni Ferrol. Ciudades y proyectos similares que han mantenido su apuesta por el baloncesto femenino. Aquí, los dos clubes han desaparecido de la élite por falta de apoyos.

Sale gratis llenarse la boca hablando del deporte femenino y palmear espaldas cuando las chicas consiguen resultados destacados. Sin embargo, los equipos van descendiendo y las jugadoras emigrando. Paula Ginzo es solo un ejemplo más de una chica que bien podría estar jugando en un equipo de su ciudad y que ni se lo puede plantear. ¡Cómo puede haber en Ourense un equipo de baloncesto femenino en la élite! ¡Ni que fuésemos Lugo!

Paula Ginzo es otra Vane Sotelo, Iria Saeta o Ana Rivera. Una Rebeca Navarro, Raquel Carrera, Clara Prieto o Paula Valiño. (Algunos con voz y voto no saben ni de quién estoy hablando). 

La explicación es la misma que en todas las demás modalidades. Sin ayudas no hay equipos. El Ensino tiene 60.000 euros de subvención municipal en Lugo y el Universitario, 90.000 en Ferrol. En Cáceres, otros 60.000. Todos con subvenciones nominativas.

En Ourense, las ayudas se hicieron públicas hace dos semanas y entre el Pabellón, el Carmelitas, el Cidade das Burgas, el Envialia y el Voley Ourense no llegan a 60.000 euros. Todos los clubes más representativos de la ciudad juntos. Los equipos y sus canteras. ¡Todos juntos! Injustificable.

No hay más vueltas que darle. Nos hemos cargado el deporte ourensano por falta de ayudas. Los entrenadores, los clubes, el talento y las ganas de las directivas son las mismas que en cualquier otro sitio. Lo único que nos diferencia son las ayudas, los apoyos y la implicación que reciben los clubes. 

El deporte ourensano ha quedado vendido y desprotegido. Obligado a malvivir en inferioridad de condiciones sin visos de mejoría. Sabiendo que lo más grave no es lo que ha pasado, es que quienes así lo han querido siguen mirando hacia otro lado porque no tienen argumentos para justificarse ni intención de corregirse. Insistiendo en ir en dirección contraria y echando la culpa al de al lado.