Continuidad

Fueron momentos duros. De los más complicados que se recuerdan en una grada que había olvidado algo que llegó a ser habitual años atrás. Aseguran que llegó a verse a alguna madre taparle los ojos a su hijo para evitarle el susto. Los dos con la bufanda al cuello, eso sí. Ahora la imagen es otra. La de una grada que se vuelve a acostumbrar al 'pasamanos'. 

Este COB es como Benzemá, pero en versión exprés. De las dudas más densas a la confianza ciega. En su caso sin los pitos y los murmullos que acompañan al delantero francés incluso cuando se ata los cordones de las botas. En el Pazo los silbidos han quedado restringidos para las decisiones arbitrales. Ahí no hay clemencia que valga. Están desterrados desde hace años. Quizá porque lo único que no se discute es lo primero que antes se ponía en tela de juicio. 

El COB está cada vez más cerca de una permanencia que, cuando se logre, debería valorarse en la misma medida que otros resultados más sonoros, pero no más meritorios. Y entonces habrá insistido en el mayor mérito de las últimas temporadas, el proyecto.

Un club con tantas limitaciones que faltan hasta bolígrafos, pero que ha conseguido desterrar la idea del borrón y cuenta nueva como seña de identidad interna y cruz ajena. Ahora todos van en la misma dirección y no solo en las oficinas. La grada presume de quién marca el camino y los que mandan tienen claro que el futuro pasa por anclarlo al asiento. Mande quién mande.

Incluso cuando no hay apoyos de casi nadie el COB ha insistido en un proyecto que ha crecido en la base, mejorado en lo económico y mantenido el apoyo social. Seguro que volverán tiempos mejores, pero todavía hay que quitarse el miedo del cuerpo y completar la gesta. Que lo es.