Arrumacos, sí pero sin pasarse

Arrumacos, sí pero sin pasarse

La palabra "Arrumacos" está definida en el diccionario de la Real Academia Española como "demostración de cariño hecho con gestos o ademanes". Y la generación de personas hombre/mujer que nos encontramos ya en edad otoñal o lo que es lo mismo en edad madura, observamos que los tiempos han cambiado en muchas direcciones.

En cuestión de amoríos nuestra juventud fue reprimida en sentimientos o deseos sexuales. Las chicas llevaban medias. No tapar las piernas ¿qué era? ¿Una tentación? Despreciando el término medio, del bañador de cuerpo entero se pasó al bikini, al toples, la tanga. Las chicas ahora acuden a la farmacia para comprar profilácticos, producto que durante mucho tiempo no se vendían y que, además, había que ser atrevido por el intento de comprarlos. Ahora, incluso, por la demanda, se expenden en Buzones en la calle como si fueran churros.

Las cosas del amor (no espiritual, sino físico) han experimentado un cambio ostensible. El romanticismo de Gustavo Adolfo Bécquer mostrado en su poema: /Por una mirada un mundo/ por una sonrisa un cielo/ por un beso ¡yo no sé que te diera por un beso!, posiblemente recitarlo hoy a una chica sería arriesgarse el mozo a que le llamaran gilipollas. Y tampoco sería de extrañar que la joven le diga a su pareja o acompañante: Déjate de coñas. Prefiero que me invites a una ración de calamares .

Arrumacos, sí, pero a modiño. A nosotros los de edad provecta, lejos de dar espectáculo, nos gustaba más el ósculo en el parque, en el jardín, más romántico, con el aroma de las flores. Los arrumacos de cafetería se aproximan más al escándalo lo que vulgarmente, sin rodeos, se llama magreo. Por lo tanto, arrumacos cariñosos, sí. Pero, unha vez máis, ¡sin pasarse!