La belleza masculina

La belleza masculina

En el acontecer de cada día hay motivos trascendentales de gran diversidad que, por lo general, ocupan la primera plana de la prensa española. Pero existen pequeñas cosas no importantes que dejan espacio para la tertulia con los amigos. Y de ahí viene que cuando dejo mi residencia coruñesa y me desplazo a Ourense, mi tierra, cosa que hago con harta frecuencia, me reúno con mis amigos que, aunque no somos los "Siete Sabios de Grecia", siempre tenemos un motivo de conversación.

Y la charla, ¿sobre qué versó?, Podía ser sobre bien que juega el Barça sobre el ascenso del COB a la ACB o también a los gladiadores que se disputarán el mando de la alcaldía ourensana. Pero no. En esta ocasión en el punto de encuentro en la terraza de una céntrica cafetería el asunto, el asunto discurrió sobre dos temas inesperados. Uno de ellos fue que para ingresar en la Real Academia Española no se exige título universitario ni tampoco para alcanzar el Premio Nobel de Literatura -como muestra he ahí a Camilo José Cela Trulock-. Y esto viene a que en algunos periódicos los articulistas, como señal de que no son cualquiera cosa, ponen abogado o cualquier otro título como si se tratara de materia especializada.

El segundo tema objeto de conversación fue "la belleza masculina", pues no todo iban a ser lindas señoritas luciendo los bikinis. Y esto surgió porque uno de los contertulios, refiriéndose a los hombres, dijo que sabía de un superguaperas de su pueblo, elegante, alto, de ojos azules, con el pelo siempre con brillantina que las mujeres se rendían ante él. En las verbenas se colocaban en sitio visible ante la posibilidad de un baile "agarrado" el que se ajusta abrazado estrechamente a la pareja. Tampoco eran pocas las que con Wenceslao deseaban satisfacer la lujuria. Sin duda, hay tipos con suerte.