Calma y estrés

Los tiempos que corren no son propicios a la calma, si no más cercanos al estrés. La calma es palabra bonita que va cogida de la mano de sus homónimas sosiego, quietud, tranquilidad, paz.

Por contra, el estrés viene definido en el diccionario de la Real Academia Española como tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.

Nos desenvolvemos bajo el signo apremiante de la prisa de ir corriendo. En una tarde oscura, triste, de nubosidad reinante aquí, en A Coruña, estuve leyendo un pequeño libro (los libros no se miden por su extensión sino por su contenido) del cual es autor Paul Wilson, el famoso gurú de la calma. Sus apreciaciones sobre el tema no parecen baldías, pero vivir en calma es palabra de lujo.

No parece que pueda vivir en calma el estudiante, el opositor que este en la incógnita, con la zozobra de si habrá de aprobar los exámenes. ¿Y qué decir del desempleado que no consigue empleo? También experimentamos la pérdida de la calma cuando leemos las noticias que proliferan sobre la violencia de género.

Después de estas reflexiones, noto que he seguido el consejo de Goethe: “Mas vale hacer las cosas más insignificantes del mundo que estar media hora sin hacer nada”.