Homenaje a los grelos

Homenaje a los grelos

Son de color verde. Verde como el campo gallego. En el lenguaje castellano se le define “como hoja tierna y comestible de los tallos del nabo”. Y el nabo, como sabemos, es una planta bianual. Las primeras hojas son las nabizas y cuando estas van viejas, brotan los grelos. El grelo es la clase de verdura que, salvo excepciones, es de la más preciada por nosotros, los gallegos. El caldo, hecho con grelos, patatas y habas que se cuecen con carne, chorizo, unto, etcétera, es algo exquisito y confortable sobre todo en los crudos días de invierno.

Y el caldo, aunque verde, admite muchos ingredientes. El verde del grelo es próspero, comestible y no ocurre lo mismo con los sempiternos políticos que no maduran, permanecen anclados sin dar paso al frente. Su lenguaje es la “promesa”, el arma de la dialéctica electoral. Las promesas que en alto porcentaje se quedan sólo en eso, en promesas como la nieve que se derrite.

La razón de acordarme de nuestros xeitosos y apreciados grelos se debe, en este caso, a su color verde que contrasta con la planicie árida de Castilla, aunque hablando de Castilla no puedo olvidar al excepcional poeta Antonio Machado, y de su libro de poemas titulado "Campos de Castilla".

Por otra parte, aquí, en A Coruña, en un supermercado de carácter nacional, me llevé una grata sorpresa al ver los grelos en conserva producto gallego da "Terra Cha". El bote, abundante, cuesta 2,50 euros. El envasado se efectúa en el lugar de Mourenco-Vilalba (Lugo) por la empresa Champivil, S.L. Empresa que procede al envasado desde finales del mes de enero hasta después de las fuertes heladas hasta el mes de marzo. El grelo, con su hermoso color verde, viene ser como el estandarte de Galicia y brilla entre los siete colores del arcoíris. En torno a los grelos -como si fueran la musa- escribió el poeta: “Lareira / co pote a ferver /no teito, o unto o quinqué / o fuelle, a vella o vello que estampa enxebre, que bonita é”. He ahí el hermoso cuadro para escultores y pintores. ¡Oh, los grelos!