Leer es un placer

Leer es un placer

Este es el atrayente título que aparece asiduamente en La Región y que se refiere al espacio que presenta en Telemiño mi buen amigo Enrique Martí Maqueda. La lectura es un hábito con muy diversas vertientes. La afición a leer puede ser el inicio para encontrar el calificativo de placer, de agradar. San Jerónimo, en una epístola suya, nos dijo: "Toda la antigüedad nos enseña que el hebreo, lengua del Antiguo Testamento, fue el principio de todo lenguaje humano". Con el transcurso del tiempo, leyendo a Shakespeare, el escritor más grande en lengua inglesa y una de las cumbres de la literatura universal -dicho sea de paso autodidacta sin estudios oficiales-, podemos hallar el placer de la lectura.

También en los artículos periodísticos de Mariano José de Larra o en la lectura que en el año 1989 con motivo de haberle sido concedido el premio Nobel de Literatura, hizo Camilo José Cela, sin olvidar las preciosas novelas de Torrente Ballester o en los versos de Lope de Vega o Gustavo Adolfo Bécquer, por ejemplo. Así, a grandes rasgos pudiéramos decir que este tipo de lectura recreativa es sinónimo de agradable, de gustoso.

Pero la lectura de cierta clase de letras, en lugar de placer se trastocan en tristeza: la esquela del familiar, del amigo. Por otra parte, desgraciadament, no faltan lecturas horrendas, repulsivas: el hallazgo de los cadáveres de las dos chicas desaparecidas en Cuenca o la detención de un hombre de cincuenta años que con un machete de grandes dimensiones mató a su expareja de 44 en plena calle de Castelldefels (Barcelona).

También existen lecturas como pueden ser las de los opositores pues lejos del placer tienen que hacer esfuerzos memorísticos, de retentiva. Esto no es un placer, sino un trabajo. ¡Ah, se me olvidaba! Otra noticia no placentera es la subida del mísero 0,25% a las pensiones. Resumiento, hay lecturas para todos los gustos. No toda lectura es un placer ni tampoco una contrariedad.