Una sociedad desquiciada

Una sociedad desquiciada

Estamos viviendo en una sociedad en la que lejos de vivir en la cordura, estamos, por el contrario, con síntomas de desquiciamiento. Sigmund Freud, el médico, psiquiatra, psicólogo y pensador austríaco, en sus tratados se ocupó más del papel preponderante y decisivo de la sensualidad en la vida personal que en el empleo del raciocinio en la mente humana.

Como muestra de ello, un periódico gallego nos informó el pa- sado día 14 de lo siguiente: "la Audiencia de A Coruña condenó a 16 años de prisión a la viguesa acusada de matar a su novio cuando la víctima se encontraba acostada en la cama al clavarle un cuchillo en el corazón. "lo hizo, según el fallo judicial, "porque ya no satisfacía sus pretensiones económicas ni sexuales".

Y siguiendo en esta línea de barbarismos, leí en la región del pasado miércoles, 22, sucesos de esta envergadura: "A prisión por intentar matar a la pareja de su ex con un hacha"; "un hombre con- fiesa haber descuartizado y lanzado al río a una mujer en Vitoria"; detenido al confesar haber matado a su prima en Gironella". Y todo esto en término de de 8 días. ¿Hasta cuando llegará esta problemática escalada de crímenes horrendos? Cuando ya había cerrado estas líneas leo que un joven de 27 años profirió una patada en el estómago al alcalde de Ourense, Jesús Vázquez Abad. el relato de estos sucesos justifica sobradamente el título de este artículo, "una sociedad desquiciada".