Protocolo o desdén

Protocolo o desdén

El acto de toma de posesión -que no puede en este caso tildarse de “ceremonia”- de Quim Torra como nuevo presidente de la Generalitat, ha tenido más tintes de agravio o desdén hacia el sistema, llamado Estado, que un trámite institucional mediante el cual asume de pleno derecho las funciones conferidas en el cago.
Porque no sólo no ha tomado posesión cumplimentando la fórmula ritual contenida en real decreto 707/1979, de 5 de abril, de juramento o promesa para la toma de posesión de cargos o funciones públicas, sino que en el lugar donde se llevó a cabo (Salón de la Verge de Montserrat) el único símbolo que allí estaba era la bandera de Cataluña, cuando la Ley 39/1981, de 28 de octubre, por la que se regula el uso de la bandera de España obliga (artículo cuarto) a que ambas se exhiban juntas. Pero esta circunstancia ya sabemos que desde hace mucho tiempo implica un permanente incumplimiento de la norma por parte del Gobierno catalán. Pero como no pasa nada, pues eso, pelillos a la mar. ¡Qué desolación!

"Prometo cumplir lealmente con las obligaciones del cargo de presidente de la Generalitat, en fidelidad a la voluntad del pueblo de Cataluña, representado en el Parlament", esta fue la lacónica frase que pronunció después de la lectura del decreto de su nombramiento en presencia del titular de la cámara autonómica y sin necesidad de que nadie, como es la práctica, le leyese la fórmula con las preguntas de rigor. Tenía más visos de spot publicitario (además por la escueta duración) que de un acto institucional. Lo de la publicidad es porque el nuevo presidente -lo mismo que el titular del Parlament- exhibían sendos lazos amarillos en sus solapas… aunque el de este último más discreto. Y por otro lado, la medalla que representa el cargo ha permanecido en la mesa con un cojín… suponemos que esperando que en algún momento aparezca Puigdemont y se la coloque, ya que esta función de transferencia de poder le corresponde al anterior presidente. Claro que también aquí tampoco parece estar muy claro quién es el president.
Y mientras tanto, ¿qué hizo el Gobierno español?

Sencillamente, no comparecer en ese acto-pantomima, argumentando que “el modelo de acto por el que finalmente se ha optado degrada la propia dignidad de la institución" y que "desde la Generalitat se le había intentado imponer el nivel de la delegación gubernamental, cosa que no aceptó". 
Vaya, qué mala suerte. Parece que otra vez se ha metido el protocolo por medio y por cuestión de precedencias no hubo acuerdo. Ironía sarcástica, pero al final, todo esto no deja de poner de manifiesto que a nuestra clase política, le sigue faltando clase.