Cien días, cien

Lo más evidente de estos cien días de Gobierno socialista es lo contento que está Pedro Sánchez. Al hoy presidente se le ha ensanchado la sonrisa y se le nota lo mucho que está disfrutando de haber llegado a la Moncloa.

No es para menos. Hace unos meses parecía que su partido le había desahuciado y hoy hasta quienes fueron sus adversarios, aunque sea con poco entusiasmo, no pueden dejar de hacerle la ola. Es lo que tiene el poder, que se convierte en argamasa.

Así que una vez constatado lo contento que está el presidente, la segunda evidencia es que no ha sido capaz de que su Gobierno "suene" como una orquesta bien avenida. Se nota que cada ministro va a lo suyo, que nadie les coordina, que no debe de haber un debate suficiente porque de otro modo no se entienden que den tantos "palos" al aire, que digan y se desdigan día si día también, amen de los celos que ya han aflorado entre unos y otros y que son tan evidentes.

Tanto desdecirse lo que ha evidenciado es que en realidad Pedro Sánchez no tenía un proyecto de gobierno. Quería llegar al Gobierno, sí, la legitima ambición de poder es una cosa y saber qué es exactamente lo que se quiere hacer con el poder es otra.

Por lo pronto Pedro Sánchez se ha convertido en deudo de Pablo Iglesias. Sin Podemos no puede gobernar de manera que es esta formación la que marca la agenda. Y lo que está por ver es si cuando haya elecciones va a ser Iglesias o Sánchez quienes se apunten el tanto de haber cogobernado juntos.

A raíz del aniversario de los cien días, analistas y medios de comunicación no han podido por menos que recordar al presidente alguno de sus incumplimientos más flagrantes. Por ejemplo, no haber derogado la reforma laboral. Las explicaciones que el Gobierno ha dado hasta el momento no pasan del nivel de excusas. Como tampoco se comprende que haya renunciado a que la banca pague un impuesto especial, no solo eso, sino que para poder obtener dinero para los Presupuestos ha decidido que corran con el gasto las sufridas clases medias y los pequeños empresarios y emprendedores. Y lo ha hecho aceptando la petición de Podemos de subir el IRPF a quienes sobrepasen determinada cantidad, aún no concretada, que está entre sesenta mil y ciento cincuenta mil euros. Lo de revisar la financiación autonómica queda pendiente en el cajón del futuro.

Esto es lo más importante, en mi opinión, luego están otros asuntos como el de la renovación de RTVE, el no haber amparado al juez Pablo Llarena y luego tener que hacerlo deprisa y corriendo, o el no saber que hacer con el Valle de los Caídos.

Y por último y no menos importante el incumplimiento del compromiso de convocar elecciones cuanto antes. He de admitir que de todos los compromisos de Sánchez este último es el que nunca me creí. Y es que le ha costado demasiado llegar a Moncloa (no olvidemos que perdió dos elecciones) como para estar solo un rato. También es el más venial de sus incumplimientos.

Eso sí, la propaganda oficial "vende" los cien días como si ahora viviéramos con Alicia en el País de las Maravillas. Y yo diría que ni tanto ni tan poco. Es más, creo que de todas las decisiones que ha tomado el Gobierno la mejor ha sido la extensión de la sanidad a todas las personas, sean ciudadanos españoles o inmigrantes irregulares.

Y otra buena decisión ha sido, si es que al final se confirma, impedir que bombas de precisión del Ejército terminen en Arabia Saudita.

Veremos qué pasa dentro de otros cien días.