Esclavos y encadenados

Esclavos y encadenados

Trabaja en una outlet en Palm Beach, Florida; muy cerca de Mar-a-Lago, en donde el presidente Tramp-antojo juega al golf y a confundir al mundo. Rosalinda, se llama; y lo es, aunque del color de la canela. Tiene un cuerpo de pecado. Le calculo 35 nochebuenas. “¿De dónde eres?”, le pregunto. “De Santo Domingo”, me responde. Y ahí ya me le tiro a la yugular de la morriña; antes de ser guiri fui emigrante, y de la abundancia del desarraigo habla la lengua: ¿Cuánto hace que vives en los EEUU? ¿Cuánto que no vas a República Dominicana? ¿Cuánto que no ves a tu familia? ¿La echas de menos?

 Y sí, hace dieciocho años que vive en los EEUU. Y no, no ha vuelto a pisar su tierra: le dan 15 días de vacaciones al año –durante los primeros siete años le daban tan solo una semana-, pero no le permiten disfrutarlos todos juntos. Y claro, echa de menos a su familia; “pero los viajes están muy caros –se lamenta- y por siete días no me merece la pena endeudarme más”. ¿Endeudarte?, me sorprendo, pero tu ganas bien aquí, ¿no? No. Gana 1.200 dólares a la quincena. 

 Pero un apartamento con baño y cocina les cuesta –vive con su marido- 1.500 dólares al mes; además hay que comer, vestir, pagar el seguro médico, la luz, el agua, el teléfono. ¿Y tu marido también trabaja?, indago; a lo peor, barrunto, es un cantamañanas de esos que solo marcan paquete y territorio. “Trabaja más que yo -se exalta- solo nos vemos por la noche, cuando llegamos reventados a nuestro zulo”. Entonces, ¿cómo es que no tenéis nada ahorrado? “¡Ay! –suspira-, ¿sabe qué, señor?, ¡en América solo se acumulan deudas!”. 

 Me hago cargo: las tarjetas de crédito se las dan y las tiene todo dios como si fueran cromos coleccionables. Luego los embaucan con la quimera del confort capitalista: que si el equipo de sonido, que si la nueva computadora, que si la pantalla de plasma, que si el Iphone new, que si el carro del año. Luego llega el black Friday y aún se atiborran de otros cachivaches más inútiles. El colesterol del consumismo les satura las credit card al poco tiempo. 

 No hay problema –les dicen los del banco-, this is América; aquí todo se resuelve a base de percents, installaments, increase, decrease and commission: ¿Cuánto puedes pagar? ¿300, 400, 500 dólares al mes? Firma aquí. Y con los grilletes de una financiación a la medida de su resuello los encadenan a perpetuidad a las galeras de los plazos. Consumir hasta morir; trabajar para pagar. Tratando de ganársela, pierden su vida para siempre. 

 El consumismo es una enfermedad invisible; la economía global es lo más parecido al crimen organizado; no hay látigo más terrible que el endeudamiento; el nivel de consumo es inversamente proporcional a la calidad de vida. Ya. Pero eso aquí a nadie le importa: América seguirá irguiendo sus pirámides a base de consumidores y esclavos llegados de todo el mundo. ¿Cuándo llegará el día, maldita sea, en que una torre de Babel financiera acabe con el imperio? ¿Qué no?, you will see it, tiempo al tiempo.