Carmen Vila Fidalgo

Carmen Vila Fidalgo

La perdiz nival es una especie de ave galliforme ampliamente extendida entre el límite superior de los árboles y las nieves perpetuas, donde las particularidades de cada zona a través de un proceso de adaptación natural han propiciado que, en el caso de España, las encontremos en lugares dispares como los Pirineos o en la montaña baja o los valles, donde la vegetación es intensa y mantiene una población en la que los depredadores naturales no representan un riesgo alto para su reproducción. 

Carmen Vila nació un mes de mayo y como la perdiz nival se crió en un precioso paraje como es el Val da Rabeda, allí en lo mas alto y donde entre Santa Mariña y Allariz se encuentra Vilar de Flores, uno de los rincones  mas bonitos de nuestra provincia. 

Desde hace unos cuantos años, Carmen Vila es la persona responsable que desinteresadamente se encarga de la limpieza, cuidados y mantenimiento que la capilla del pueblo necesita. Ella ha sucedido a otras vecinas como Ermitas Cid, Ermitas Martínez y Consuelo y Pío (encargado del reloj), que en su momento  desempeñaron dicha labor y también la de ama de llaves, colaborando con los sucesivos curas; Alejandro Armada y más recientemente Alberto Diéguez Mosquera y  Francisco Martín, el actual párroco.

Pero no solo la función de Carmen Vila consiste en el mantenimiento y limpieza, también realiza labores como vestir a los niños para la procesión, mantener inmaculado el mantón de la virgen, adornar con flores el altar y, por supuesto, los días de misa pasar la bolsita para recoger las limosnas que los feligreses consideren conveniente dejar a su "santa".

Carmen Vila Fidalgo es la excelente persona que siempre está en su pueblo dispuesta a ayudar a quien lo necesite, muy religiosa, discreta (habla muy bajito), de palabras justas y de silencios que invitan a reflexionar. Tiene miedo a la noche, es madre de dos hijos, Roberto y Cristina, y esposa de José Luis Cid, un antiguo fabricante de calzado que es el prototipo del pedáneo-hombre –bueno que si apareces por allí, además de enseñarte el precioso reloj del coro también puede aclararte cualquier dato histórico de su capilla del alma–. 

A mi, Carmen Vila me trae a la memoria que...un mal sueño y una persistente pesadilla fueron la causa por la que mis padres me llevaron por primera vez a Vilar de Flores. Yo solo tenía cuatro años, no entendía nada, solo que el quince de agosto, y muy temprano, teníamos que ir a pie desde Allariz a Vilar. En el camino, que para mí era muy largo, casi siempre aparecía la solidaridad de algún peregrino que se brindaba a subirme a su caballería. Yo muy ufano disfrutaba sin dejar de mirar con el rabillo del ojo a mis padres, por si no nos seguían al mismo paso.

El mal sueño nunca regresó, pero aquello se trasformó en una costumbre que como otras muchas heredé de mis padres.

Vilar de Flores es un rincón de mi vida en el que siempre he hallado una tranquilidad especial, su silencio  es acogedor, agradable y  sobre todo muy relajante.

Su paisaje, lleno de artísticas piedras que parecen hablar, trasmiten inusualmente más calor que frialdad, sus contrastes dan la sensación de querer unir, lo que el inexorable tiempo separa

El pueblo tiene el encanto que sus gentes, llenas de generosa vitalidad, trasmiten a todo el que tiene el placer de visitarlo. 

No puedo expresar por qué siempre he sentido como si hubiese nacido allí, pero sí que entiendo por qué los que son nativos como Carmen Vila: siempre vuelven a su Vilar de Flores

/Cando eu era moi meniño/ e polo quince de agosto/ subindo preto do Arnoia/

/bebín na fonte do pobo/ a auga quitoume a sede/ árbores  díronme sombra/

/ cando erguín a miña vista/ Vinche a ti virxen fermosa/ fúchesme moi milagreira/

/quitáchesme as miñas do-ores/ quérote coma unha nai/ virxen de Vilar de Flores/