Rosario Dueñas Llimas

Rosario Dueñas Llimas

Algunos confunden al charrán común (Sterna hirundo) patinegro (sandvicensis) con las gaviotas; a otros se les parecen a las golondrinas de mar (por su cola ahorquillada y vuelo grácil. Los charranes comunes, además de que como las golondrinas nos visitan en primavera y verano, se diferencian de las gaviotas por su vuelo más ligero y sus continuos lances de pesca, dejándose caer desde el cielo al mar. Expertos nadadores, en verano se distinguen muy bien porque el charrán común tiene el pico rojo y el patinegro, negro. Es fácil verlos con las gaviotas pescando juntos y hermanados. 

Rosario Dueñas Llimas, experta nadadora como el charrán común, un día descendió del cielo a la tierra y decidió entregar su enorme voluntad de sacrificio a los más necesitados. Y como el charrán, se hermanó con aquellos que por nacer en el tercer mundo son repudiados e ignorados por los países en los que el despilfarro y exagerado consumismo enmascaran las malas conciencias de una sociedad deficitaria en los valores más esenciales: la solidaridad y el compartir lo que les sobra con los que carecen de casi todo.

Rosario fue una joven y brillante nadadora ourensana a la que un grave accidente doméstico truncó su vida deportiva pero no su férrea voluntad y capacidad de lucha; ésta siguió intacta, con la notable diferencia de que en un viaje a Kenia y el conocimiento in situ de las enormes necesidades de aquellas gentes, le indujeron a manifestar algo que siempre llevó dentro de su hermosa alma, el ayudar a los demás.

Trabajando en diversas ONG y prestigiosas organizaciones, como con Teresa de Calcuta, recorrió una gran parte de África, Filipinas y Asia, donde su humildad siempre brilló como el pico rojo del charrán cuando desciende del cielo al mar para pescar y compartir con nuestras gaviotas o golondrinas  aquello que a Rosario Dueñas le sobra, generosidad.

Yo la conocí hace mucho tiempo. La primera vez que la vi, evité mirarle su cara; me daba miedo que ella se sintiese violentada por una curiosidad que yo no tenía. En medio de una cada vez más interesante conversación y siguiendo sus instrucciones, yo le cortaba sus cabellos, siempre con estilos muy deportivos. Progresivamente la fui conociendo y descubriendo su enorme personalidad, lo que me permitió mirarla y ver su auténtica  hermosura, algo que me cautivó para siempre. 

A mí me trae a la memoria a Trinidad Grund, la única mujer que tiene dedicadas en Málaga una calle y una plaza, pero que  a pesar de ser una gran benefactora de la ciudad en el siglo XIX, su historia ha caído en el olvido. Impulsora del Hospital San Juan de Dios y perteneciente a la burguesía malagueña, siempre, dedicó su vida y fortuna a los más desfavorecidos.

A Rosario Dueñas es muy difícil localizarla, imposible en Facebook, ni en Instagram; su teléfono no aparece por ningún sitio, se deja ver muy poco, tal como es ella, no le gusta nada el protagonismo y mucho menos el postureo actual. La última vez que la vi creo que fue en un Foro de La Región con una ONG. Durante un tiempo me remitía alguna postal desde los países donde ella trabajaba. A mí me gustaría volver a verla, para mirarla a los ojos, pero sobre todo para volver a sentir su ternura y la auténtica belleza de su alma, de una gran mujer de la que todos los ourensanos nos sentiremos siempre muy orgullosos, de nuestra... Rosario Dueñas.