Centros de enseñanza ribadavienses

Centros de enseñanza ribadavienses

Paralelos a los centros de enseñanza oficial, las consabidas escuelas de niños y de niñas, coexistieron en la Villa  desde el s. XIX, diversos colegios privados que con sus programas educativos, contribuían a reforzar y ampliar las materias regladas.
Las noticias más tempranas se remontan a 1889 cuando en las dependencias del exconvento dominico se inaugura el Colegio de Primera y Segunda Enseñanza: donde se estudian con validez académica y carácter oficial, todas las asignaturas del Bachillerato y preparación de carreras especiales, de comercio y eclesiástica. Hay además clases de solfeo e instrumentos y para los que deseen estudiar esta asignatura de adorno, posee un buen piano vertical. Cuenta con una cátedra de dibujo y otra de idiomas. (…) Tiene internado y es el mejor situado de la provincia. Contaba con subvenciones del Ayuntamiento y la Diputación, quienes en el ejercicio de 1892 aportaron 3.000 pesetas las arcas municipales y 2.000 el ente provincial. Sus aulas fueron ocupadas durante los 12 años que permaneció en funcionamiento por varias promociones de bachilleres del Ribeiro, quienes a lo largo de sus vidas recordaban con orgullo haber formado parte de su alumnado. Su cierre fue reiteradamente lamentado por la prensa local, de lo que también el padre Samuel Eiján se hizo eco en su Historia de Ribadavia. 
Posteriormente El Avia Ilustrado (1891) anunciaba: Bajo la advocación de santo Domingo abrirá al público un colegio de primera enseñanza en la casa del sr. Armada, junto a la rectoral de san Juan, el ilustrado profesor d. Domingo Vázquez. Dicho centro dos años más tarde lo vemos instalado definitivamente en la calle Eduardo Chao, hoy García Penedo, donde también se impartían lecciones de contabilidad y teneduría de libros. Se mantuvo con sus aulas abiertas y repletas, según la hemeroteca local, hasta 1916.

Los centros reseñados eran exclusivamente masculinos, pero coexistiendo con ellos se estilaban los llamados Colegios de Señoritas, de los que también tenemos noticias en la Ribadavia decimonónica.

En El Obrero (1893) se anuncia el Colegio san José. Para señoritas. Dirigido por Juana Rebolledo. Según sus reglamentos impartía Enseñanza Primaria y Superior, admitía pupilas internas, externas y medio pensionistas, el magisterio era de calidad y la urbanidad una asignatura obligatoria en todos los grados.

20181121190625903_resultUn año más tarde el mismo semanario notificaba la apertura del Colegio san Luis Gonzaga, bajo la dirección del presbítero Leopoldo Márquez. Estaba ubicado en la calle san Martín, en la casa de doña Claudina Sánchez, viuda del comandante Candedo. El alumnado era exclusivamente femenino, con edades comprendidas entre los 8 y 10 años y las tasas mensuales no sobrepasaban los 20 reales.
Ya en el s. XX nos encontramos desde 1917 el Colegio san José de los HH Maristas establecido en la casa-palacio del marqués de Baamonde, cuyo último propietario José Mª Martínez Vázquez lo legó a la villa de Ribadavia en la cual he nacido, con el propósito de instalar en él un centro de enseñanza y educación para los niños pobres de Ribadavia y de los pueblos de su municipio. Cumpliendo dichas resoluciones testamentarias los religiosos impartieron sus clases hasta 1933 cuando las disposiciones de la II República, que preconizaba una enseñanza laica, ordenaron su cierre. La impronta de los maristas permaneció durante largo tiempo en la Villa y quienes habían sido sus discípulos, le tributaron en los años 50 un memorable homenaje de gratitud a sus educadores.

La presente imagen que supera los 60 años corresponde a la célebre escuela de Las Pescadas, que ubicada frente al convento franciscano, permaneció en activo durante tres décadas. Especializada en enseñanza primaria, su alumnado mixto se nutría principalmente con los niños del barrio de san Francisco, la Caldera, El Arrabaldo y la Puerta de la Villa, junto con los hijos de los guardias, cuya casa cuartel  se situaba entonces en el solar que hoy ocupa la estación de autobuses. Por limitaciones de espacio y en recuerdo a dicho colegio, solamente citaremos entre los retratados junto a la maestra, la estimada doña Pepiña, a quienes tempranamente nos dejaron: de abajo arriba, en la primera fila a la derecha, Manolito Lorenzo Abraldes; en el centro, de pie y junto a sus hermanas Fernando Martínez Pereira; detrás y con tirantes Manolito López Quinteiro, y en la fila superior Irene Santoro y Lolita Almuiña. Corría el curso escolar 1956-1957.