Pastelerías de Ribadavia en el siglo XIX

Pastelerías de Ribadavia en el siglo XIX

Las noticias más antiguas que tenemos acerca de las pastelerías en Ribadavia, recibidas de viva voz, nos remiten a la confitería que instalada en la  Puerta de la Villa (1850) e inmediata al Arrabaldo, regentaba el matrimonio compuesto por los ribadavienses Baltasar y Eulalia. Dentro del variado surtido que ofrecía el establecimiento destacaban por su exquisitez los melindres y rosquillas, que con el discurrir de los años sus descendientes, la familia Pousa, convertirían en la marca de la casa.   

En el último tercio del s. XIX se anunciaba en El Avia (1887) el comercio y casa de café de Constantino Rodríguez, sito en el exconvento de santo Domingo, con productos como chocolates superiores y bombones finos de París(…) abastecidos por la Compañía Colonial, Proveedora Efectiva de la Real Casa. Un año después el mismo semanario propalaba la fábrica de chocolate "La Primavera" de José Fernández  sita en la Casa-Palacio de la plaza Mayor, ofreciendo también su variadísimo y selecto surtido en géneros de confitería: dulces de todas clases, frutas y yemas almibaradas, confituras de licor, tartas, ramilletes,  manguitos y demás encargos, cajas y cartuchos y las más exquisitas pastas finas para postres. 

Por esas fechas se daba a conocer otra fábrica de chocolate en la plaza Mayor. Su propietario, Benito Falcón Parracía, comunicaba el nuevo y abundante surtido que para su elaboración, acababa de recibir procedente de las mejores casas de Santander y La Coruña: cacao, azúcar y canela fina;(…) los géneros que se emplean para su elaboración y el esmerado trabajo comprueban su muy acreditado y abundante despacho. Los precios van de 6 a 10 reales la libra.  

El Obrero (1891) escribe sobre el banquete que el partido conservador ofreció a su jefe, d. Fidel Varela, destacando entre las viandas una preciosa torta que honra a La Perla del Miño. Dicha dulcería ubicada en los soportales de la Plaza Mayor, era propiedad de Serafín Pérez, bisabuelo de las hermanas Ballesteros, y tenía al frente del obrador al operario Eulogio Álvarez, procedente de la repostería viguesa Las Colonias. 

Muy próxima a la citada plaza estaba entonces "El Orensano", fábrica de chocolate de Francisco Rodríguez, bisabuelo de los hermanos Canitrot, quien en el mismo periódico informa de los nuevos aparatos obtenidos en los últimos meses para su establecimiento, sin alterar el antiguo y acreditado sistema de fabricación a brazo que cuenta con la aceptación de numerosa clientela. La reputada fama que en la elaboración del producto tenía el sr. Francisco lo convirtió en un solicitado chocolatero, por lo que era frecuente su desplazamiento por tierras del Ribeiro para endulzar ágapes públicos y familiares. 

El chocolate tenía entonces, igual que en la actualidad, una fuerte y exquisita demanda, pues junto a las empresas locales se anunciaba también J. Rodríguez Pardellas (1893) de La Cañiza, notificando que sus sabrosos chocolates, elaborados a brazo, son los predilectos del consumidor. Están a la venta en los ultramarinos de La Cañiza y Ribadavia y fueron premiados en la Exposición de Bruselles (sic).

Por esas fechas el partido conservador obsequiaba a Bugallal con un suntuoso banquete en el salón del Café de santo Domingo. Junto a las autoridades civiles y religiosas, director del colegio de esta Villa, coroneles retirados y un sinfín de correligionarios, el político prometió a los presentes trabajar para que el puente sobre el Miño en Castrelo sea realidad dentro de brevísimo tiempo, ya que los trabajos de gabinete están muy adelantados. Tras el convite y montando briosos corceles, los comensales se dirigieron a Castrelo donde los recibió el alcalde de Barral, José Ferrer, quien tenía un lunch preparado en su honor; allí brindaron con hermosas quintillas, ocupando el centro de la mesa una preciosa tarta que figuraba un puente, lo que fue celebrado por todos los presentes, que dieron cuenta del sabroso dulce que satisfizo a los paladares más selectos (…) remata la crónica diciendo que había sido elaborada en la confitería  La Perla del Miño, de Serafín Pérez, en los soportales de la Plaza Mayor de Ribadavia.n