Independentismo desinflado

Independentismo desinflado

Al independentismo catalán está pasándole como a un globo que hinchan con la boca, y que cuando se asusta a quien lo insufla lo suelta y pierde el aire hasta quedar como una goma fláccida, aunque podría hincharse de nuevo.

Recuérdese al expresidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, que juraba que nadie del Gobierno ni el Tribunal Constitucional ni ninguna ley iba a impedirle alcanzar la independencia, por la que estaba dispuesto a ir a prisión, incluso a morir.

El vicepresidente Oriol Junqueras hacía similares juramentos, añadiendo oraciones como los caballeros antiguos para obtener la ayuda de Dios, porque es muy religioso.

La presidenta del Parlamento, Carme Forcadell juraba que “ni un paso atrás”, y los subvencionados líderes de la agitación popular Jordi Sánchez, de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Jordi Cuixart, de Òmnium Cultural, amenazaban con levantamientos, huelgas y paralización de la economía si alguien ponía trabas al independentismo.

El 27 de octubre se aplicó el artículo 155 de la Constitución. Se destituyó al gobierno de la Generalidad, los jueces ordenaron investigar sus cuentas y a los Mossos d’Esquadra, que habían desobedecido sus órdenes ante el falso referéndum del 1 de octubre.

Trataron de intimidar a la Guardia Civil y bloquear su trabajo y cayeron en numerosos delitos: detenidos algunos, todos comenzaron a deshincharse cobardemente.

Y comenzaron a descubrirse sus enormes desvíos de dinero y la creación de una policía política que vigilaba secreta e ilegalmente a los opositores, casi como la del último franquismo.

Puigdemont y cuatro de los suyos huyeron, y todos los líderes encarcelados dicen ahora que acatan y obedecerán la Constitución.

El globo está deshinchándose y aunque podría inflarse de nuevo, la aparición del separatismo españolista de Tabarnia puede, quizás esté haciéndolo ya, romperlo definitivamente.