No me pongan dondhaya

No me pongan dondhaya

En Mudela, Ciudad Real, se recuerda a José Laguna, un herrero tan honrado que rechazaba a quienes se empeñaban en colocarlo en cargos políticos advirtiéndoles: “No me pongan dondhaya”. No se fiaba ni de sí mismo, lo que indicaba que creía menos aún en quienes manejaban fondos públicos. Las últimas historias de las corrupciones, ahora la del expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, confirman la sentencia de Laguna: colocaron “dondhay” a gente que quizás antes era honrada, pero que sucumbió a la tentación de quedarse con un buen botín.

El ejemplo de Laguna se redondea con una sentencia de Antonio D. Olano cuando advertía que todos somos “de género buitre”, según la edad. El buitre joven come la carroña que le traen sus padres, grandes buitres, pero según crece y vuela libremente embucha la corrupción que encuentra, cada vez en mayor cantidad. Los políticos que manejan fondos públicos sin control exhaustivo pertenecen al género de buitre según su edad, poder o corpulencia, y pocos resisten la tentación de lanzarse a comer “dondhay” putrefacción que rapiñar.
No importa que sean de derechas, como a los perseguidos ahora, que de izquierdas, como los que cazaron comiendo “dondhay” en los años 1980-1990, o que sean patriotas nacionalistas: entre los honrados, que también hay, se reproducen los buitres. Ahora aparece como inquisidor, haciéndose el pajarillo de Maduro, el buitrecito de Podemos. Pero ya ha comido de Irán y Venezuela, trapicheado con pisos, contratos públicos, becas y enchufes, y está confirmado judicialmente, como reveló el periodista Eduardo Inda –denunciante también de Ignacio González--, que Pablo Manuel Iglesias recibió 272.325 euros en el paraíso fiscal de Granadinas.
Podemos todavía está “dondhay” poquito, pero cuando crezca saqueará “dondhaya” todo lo que pueda arramplar, porque viene realmente hambriento.