Una institución humillada

Una institución humillada

La declaración como testigo del que en el momento de producirse los hechos de octubre de 2017 en Barcelona ocupaba el cargo de responsable máximo de los Mossos d’Esquadra, pone de manifiesto hasta qué punto la organización policial autonómica ha sido empujada al desempeño de un papel de puro servilismo político que contradice la verdadera misión que debe desempeñar un cuerpo de seguridad en España con arreglo a los principios contenidos en la propia legislación que los define. El primero de ellos es el respeto a la Constitución, el segundo es la imparcialidad y el tercero, la colaboración con los órganos de Justicia legalmente establecidos. Ninguno de ellos fue respetado durante los hechos que se juzgan, y el mayor Trapero que los mandaba entonces y que en estas fechas se halla imputado por sus actuaciones, lo ha puesto de manifiesto, demostrando con sus palabras el difícil  trance al que hubo de enfrentarse. De hecho, toda la intervención del antiguo jefe de policía autonómica de Cataluña  se ha caracterizado por un intento exculpatorio que impregna su modo de afrontar una situación tan delicada. Humilde y manso ante la gravedad de los hechos en los que está implicado, pero no impreciso, Josep Lluís Trapero sabe lo que se está jugando y no parece dispuesto a acabar con su porvenir por  este dislate al que se vio abocado.

Pero el problema de fondo en este escenario que el disparate nacionalista ha establecido al menos en lo que afecta a su fuerza policial, no es en realidad que se impute por rebelión a quien en aquellos hechos mandaba la organización sino el papel al que los gobernantes secesionistas han condenado a una institución a la que, como a otras muchas, han relativizado y humillado condenándolas a un papel servidumbre que tergiversa sus funciones y atenta contra el honor mismo de quienes la componen. Trapero hubo de representar un sainete en aquel calamitoso 1 de octubre y a ello fue abocado –en realidad le habría cabido la posibilidad de presentar su dimisión e irse a casa- pero los verdaderos responsables de estas acciones que si los políticos que le ordenaban han acabado con el honor, el orgullo, la honestidad y la conciencia del cuerpo de policía llamado Mossos d’Esquadra. Por desgracia, esa situación no se ha enjugado y la desobediencia vuelve manifestarse. La orden de retirada de los lazos amarillos no se ha cumplido. Torra habrá de responder algún día por sus delitos. Por ahora, es únicamente el sujeto con el que está dispuesto a pactar Pedro Sánchez.