La estupidez sin límite

La estupidez sin límite

En su permanente deseo de rizar todos los rizos, el independentismo catalán es tan estúpido que activa unilateralmente actos que suscitan el rechazo de sus propios protagonistas. Esto ha ocurrido con los Mossos d’Esquadra, el cuerpo de policía autónoma que ha rechazado públicamente la celebración de un acto de homenaje al que fuera su jefe, el ex mayor Josep Lluis Trapero, coincidiendo con los actos del próximo día 17, aniversario de los atentados de las Ramblas y Cambrils que produjeron una auténtica matanza de inocentes y que pretenden aprovechar múltiples organizaciones secesionistas para seguir aireando su causa e introduciéndola en el torrente informativo internacional. 

Para desventura de estas asociaciones capaces de cualquier villanía para servir a sus propósitos, los mossos se han negado terminantemente a que se les utilice como herramienta política y en el curso de una nota oficial han advertido su rechazo frontal a esta práctica argumentando la necesidad de imparcialidad que exige su condición de policías. Trapero mandaba la policía autonómica cuando se produjeron los hechos de octubre de 2017 y la aplicación del artículo 155. De hecho, fue fulminantemente cesado y sustituido por Ferrán López, y posteriormente fue llamado por la juez Lamela que terminó acusándolo de sedición y pertenencia a organización criminal. El ex mayor, declaró ante la jueza que fue obligado a respaldar desde su puesto la política soberanista, ha rechazado el ofrecimiento de Torra para volver a mandar la fuerza de policía regional que mandaba cuando Puigdemont se escapó al extranjero, y no quiere saber nada de política. Su sucesor no fue invitado al acto de toma de posesión de Torra y dimitió recientemente dejando el relevo de la jefatura de los Mossos en manos del nuevo conceller de Interior. Lleva ocho meses en precario y a estas alturas del año aún no ha sido cubierta.

Los policías catalanes se han portado en este caso con orgullo y entereza. Su competencia sigue sin embargo en entredicho. Y la honestidad de sus gestores, más todavía. Ayer supimos que la fuerza ocultó al juez que el imán de Ripoll tenía antecedentes penales. Suma y sigue.