La partida de mus

La partida de mus

No es tarea fácil interpretar la casi infinita colección de signos y mensajes a la que nos enfrentamos los ciudadanos de a pie todos los días observando el comportamiento de nuestros políticos. La política nacional se parece más a una partida de mus que al normal transcurso de la actividad pública en un país democrático como el nuestro, y cuando no es la seña de treinta y uno la que nos esboza uno de nuestros diputados, es la de la pareja de reyes. A ella responde el de la oposición con otra der dúplex alzando las cejas y nosotros vamos saltado de un rostro a otro sin entender ni la mitad de lo0 que pasa. Como quiera que la sucesión es tan rápida nadie se acuerda ya de la partida anterior. Nadie se acuerda ya de que la ministra de Justicia se entendía con  un sujeto que se ha pasado la vida caminando por el subsuelo. Ahora la partida la juega Pablo Iglesias visitando presos exilados en nombre propio o lo que es peor, como adelantado de un Gobierno al que no pertenece asumiendo misiones a las que no tiene derecho. Iglesias se vuelve a la cámara, se muerde circunspecto el labio inferior, y se adentra en las instalaciones del centro penitenciario –ese que por cierto visita una escolanía de niños cada dos por tres para ofrecer sus trinos a los que están dentro- dejando al espectador con la duda puesta. ¿Será un tic nervioso, quizá un signo ostensible de complicidad? El caso es que hace la seña de medias de reyes que es una jugada de primera  para el que no sepa de qué va esto.

Estamos todos muy desorientados y además no nos salen las cuentas del estado de Derecho. Y es que como decía el lema de aquel viejo semanario humorístico que orillaba la censura franquista a base de humor y de arriesgar el pescuezo llamado “La Codorniz”, “usted pregunta lo que quiera que nosotros le responderemos lo que nos da la gana”. Un ejemplo para que usted sepan por donde silban las balas. Bruselas lo que exige es que se recorte el gasto no que se aumenten los impuestos, pero la ministra de Economía, aunque lo sabe muy bien, no está por entenderlo. Hace lo que decía “La Codorniz” y seguirá haciéndolo mientras pueda. Bruselas pregunta lo que cree que debe preguntar y ella contesta lo que se le ocurre. Que para recortar ya habrá tiempo.