Morir en la foto

La estupidez humana apenas conoce límites y de ello es buena prueba el sorprendente dato facilitado por una prestigiosa institución médica estadounidense que fija en 259 los fallecidos haciéndose un “selfie” entre 2011 y 2017. El setenta por ciento de las víctimas son hombres –eso nos convierte en sujetos mucho más tontos e irresponsables que las mujeres- y entre los que han perdido la vida figuran varios españoles. De hecho, y como suele ser esa costumbre tan nuestra de distinguirnos en todo cuanto evento genere dudas,  estamos entre los países en los que se contabilizan más muertes  tomándose sus propias fotografías en los emplazamientos más insensatos –siete muertos y numerosos heridos de mayor o menor consideración  se contabilizan en este periodo- y nos recuerdan aquello que con tanta insistencia y sin el más mínimo resultado positivo reclaman las autoridades a la vista de los hechos. Precaución, cuidado y sentido común. No somos un país de flojos y si hay que morir sacándose una fotografía en el borde de un precipicio, sobre una catenaria de alta tensión, en la terraza de un quinto piso o en las vías de un ferrocarril al paso del tren, pues se muere, qué carallo y quién dijo miedo.

 Hace cuatro años, la imagen de un mozo que corría el encierro en San Fermín tomándose a sí mismo una foto en plena carrera con el toro y su impresionante cornamenta en segundo plano, dio la vuelta al mundo. Y aunque por fortuna el protagonista salió ileso, la escena produjo verdadero impacto en un ámbito en el que el ayuntamiento de la ciudad ya había tomado desde unos años antes cartas en el asunto y sancionaba con multas de hasta 2.000 euros los comportamientos imprudentes durante los encierros. Al corredor estas medidas le dieron lo mismo como le ha ocurrido a numerosas víctimas de esta costumbre tan actual que proviene de haber convertido en máquinas de fotos para novatos cualquier aparato de teléfono. Cualquiera que tenga uno puede hacer una foto sin tener el mínimo conocimiento técnico y el disparate pone el resto. Un año después de la foto en San Fermín, otro corredor hizo lo mismo en los encierros de Villaseca de la Sagra en la provincia  Toledo pero con peor suerte. El toro lo prendió del cuello y lo dejó tieso.