Lo invisible

Permítanme, queridos lectores, que este artículo de hoy sea como un juego que nos lleve hacia esas pequeñas o grandes cosas, que son o se hacen invisibles al ojo humano, pero que sin embargo, nos hacen experimentar sus efectos a pequeña y gran escala. Créanme que es apasionante, porque nos hacen suyos durante el tiempo de nuestra vida. Pongamos, por ejemplo, el silencio, concepto que como otros, describe lo que no vemos pero que nos despiertan estímulos de placidez o desagradado. Podríamos seguir con el sentimiento. ¿Qué es el sentimiento? Eso que a veces nos ahoga o nos hace felices, nos transporta a través del recuerdo o nos introduce en los escondidos misterios de la memoria. Pero ¿quién puede pesarlo, numerarlo, medirlo? Nos mueve mucho más lo invisible, aquello que no vemos y que aviva en nosotros mundos desaparecidos. No vemos el aroma aunque lo disfrutamos, ni la música, puerta abierta a sueños, añoranzas y melancolías. El olor a tierra mojada, el calor del verano, el espíritu otoñal… Todo ello nos transporta y nos regala sensaciones de un pasado presente. Sí, lo que no vemos nos acelera el corazón y nos hace probar de nuevo algo que fue, o esperanzas de lo venidero. Somos un pequeño mundo encerrado en otro, pleno de capas transparentes que nos acoge, sin que sepamos tampoco lo que es. También en él existe una materia oscura, invisible, pero que según los científicos, es indispensable para que todo funcione a la perfección en su concierto.

 

 

Se ha descubierto que el mundo astral se constituye fundamentalmente de esas energías hasta hace poco indetectables. Es como un corazón oculto que late en silencio, escondido bajo un velo impenetrable. Todos sabemos de la memoria, el entendimiento y la voluntad, pero ¿dónde residen? ¿Cómo actúan y por qué?  Es el juego de escondite: aquí estoy, me oyes, me sientes, me tocas, me sabes, influyo basicamente en tus sentidos, pero no me ves. Búscame. Y se busca. Se fotografían señales cerebrales que denotan sus presencias. Se detectan enfermedades, anomalías, estados de ánimo… Pero ¿qué es todo ello y por qué sucede? Impresiona ver reproducido mediante aparatos sensibles, el mundo microscópico en el que anidan desde los gérmenes a las entrañas del polen o las geometrías de los copos de nieve. Belleza única que también se recata a los ojos cuando se posa en la tierra.