Maletas

Hay que ver en qué pocos años cambió la vida, las grandes y pequeñas diferencias que separan el ayer de la realidad actual. Los más mayores son testigos para valorarlas. Y no nos referimos a los grandes logros que llevaron al hombre a la luna, ni a los ingenios enviados a los lejanos rincones del universo. Tampoco a los sistemas de comunicaciones que han hecho el mundo del tamaño de una naranja. Ni a los milagros médicos, ni a las incursiones al cerebro, ni a las maravillas de la robótica. Nos referimos a los pequeños detalles cotidianos y sencillos que evidencian el grado de bienestar del que se disfruta hoy. Pongamos como ejemplo las maletas. El que quiera saber no tiene más que mirar las viejas fotografías y lo comprobará. Se viajaba poco y por necesidad, y los viajes eran enormemente incómodos. Se llevaba la ropa en cajas, bultos, y sobre todo en maletas de madera o cartón duro. Las primeras pesaban terriblemente y las segundas se despellejaban enseguida. Aquello era una ruina dentro de la ruina de un mundo sin medios, sin dinero, pero con voluntad y mucha fortaleza. Por supuesto, hablo en general. Siempre hubo diferentes niveles de confortabilidad. Sin embargo, la inteligencia ha recorrido la historia en el intento de una igualación entre las personas, no siempre conseguida, pero si aliviada. Hablo de las maletas, esa rémora obligada en los desplazamientos hoy llevados al extremo del turismo masificado. Hubo cambios, muchos cambios en trenes, aviones, barcos… y maletas. Ya no se habla de “los baúles de la Piquer”,  especie de gigantescos contenedores con interiores de armarios. Viajar era algo oneroso por los pesos y las dificultades que originaban. Pero alguien pensó en el bien común y en 1970, el norteamericano Bernard Sadow patentó las maletas con ruedas, lo que significó una revolución. Y en 1987, Bob Plath, piloto de Northwest Airlines, le añadió el asa extensible. Un antes y un después para los viajeros del mundo. El humano disfruta de adelantos que a simple vista carecen de importancia, pero que proporcionan mayor calidad en la vida diaria. Fácilmente la ingratitud olvida los nombres de los benefactores que hicieron historia. Hoy, hasta los escolares utilizan esas pequeñas ruedas sin las cuales volvería a ser difícil trasladarse tanto y tan libremente. ¿Están de acuerdo, queridos lectores?