A vueltas con los probióticos

A vueltas con los probióticos

Sostiene el avispado Aloysius, y no es la primera ni será la última vez, que la Medicina también se rige por modas, y que tan pronto aparecen innovadoras sustancias prêt-à-porter como fármacos clásicos tipo fondo de armario, esos que nos encontramos en cualquier botiquín doméstico que se precie.

Entonces, ¿son medicamentos los probióticos? Mejor dicho, ¿qué entendemos por medicamento? Consultando los diccionarios especializados, nos encontramos con la definición de sustancias que sirven parar curar o prevenir una enfermedad, para reducir sus efectos sobre el organismo o para aliviar dolores físicos. Con esta interpretación ortodoxa, en el mismo cajón cabrían los antibióticos (que curan determinadas infecciones), las vacunas (que previenen las enfermedades), los antitérmicos y antitusivos (que reducen síntomas como la fiebre o la tos) y los analgésicos (que tratan de aliviar los dolores).

Continuando en el campo de las definiciones, los probióticos con microorganismos vivos que producen efectos beneficiosos en la salud del que los toma. Los más conocidos y mejor estudiados son las bacterias Lactobacillus y Bifidobacterium y hongos tipo levaduras como Saccharomyces, que se añaden a una amplia variedad de productos que forman parte de nuestra alimentación cotidiana, como yogures y otros derivados lácteos, o que se venden al público en establecimientos especializados en forma de pastillas o polvo para diluir en líquidos. Por algunos de sus efectos, podrían considerarse medicamentos, como por ejemplo aquellos utilizados en la prevención y reducción de los síntomas de las diarreas asociadas al consumo de antibióticos. 

Un estudio publicado en la prestigiosa revista científica JAMA en el 2016  demostró que en niños tratados con antibióticos, los que recibieron dosis adicionales de probióticos padecieron un 11% menos de episodios diarréicos. En 2017, un estudio estadounidense encontró una evidencia tipo A a favor del uso de probióticos para mejorar la colitis ulcerosa, sobre todo si se emplean al comienzo de la enfermedad.

En animales de experimentación, los Lactobacillus normalizaron los niveles de algunos metabolitos implicados en la mejoría de la depresión. En ratas de laboratorio alimentadas con una dieta saludable implementada con psicobióticos presentaron un menor deterioro en las funciones mentales que aquellas otras alimentadas con la típica dieta occidental.

Se han reportado resultados favorables respecto al tratamiento con probióticos en lactantes recién nacidos prematuros con riesgo de sepsis y también que éstos son efectivos en la prevención de las infecciones por Listeria en los más propensos a las mismas, como la embarazadas y los pacientes con quimioterapia.

Los probióticos reducen el riesgo en la incidencia de la enterocolitis necrosante y en su mortalidad asociada. Finalmente, Bifidobacterium lactis ha demostrado su utilidad en los celíacos, al ser capaz de contrarrestar los efectos de la gliadina tóxica para estos pacientes. A pesar de estos esperanzadores avances, todavía se necesitan muchos más estudios para reforzar la potencia terapéutica de estas innovadoras sustancias.