La carta

Lo cortés no quita lo valiente. Esta periodista se encuentra en las antípodas de lo que defienden Irene Montero y Pablo Iglesias, las ha tenido tiesas con Monedero en más de una ocasión en debates públicos, y suele considerar a los  podemitas como personajes que con excesiva frecuencia abusan de autoritarismo,  oportunismo, mendacidad superior a la que suelen demostrar  quienes se  dedican  a  esa profesión tan denostada y demagogos hasta decir basta.  Son también –con  excepciones, como en todo-  educados, es la otra car de la moneda; en más de una ocasión, siempre en privado, Iglesias, Montero, Bescansa y Torrejón, al menos, han demostrado que son respetuosos con  quienes no comparten sus ideas ni tampoco con quienes critican lo que defienden con tanto entusiasmo.

Iglesias y Montero han pasado el trance más complicado de su vida con el nacimiento prematuro de sus gemelos, con su vida en peligro y en peligro también la vida de la madre. Han pasado dos meses de angustia no disimulada y ahora, cuando ha pasado el peligro, han escrito a través de las redes sociales una carta conmovedora. Conmovedora en su espíritu y en su letra, una carta de agradecimiento  que demuestra no solo el alcance dramático de los momentos vividos sino que han dejado de lado las diferencias ideológicas e incluso personales  para hacer públicas unas enormes "gracias" que incluían desde los reyes hasta sus contrincantes políticos, pasando por el equipo médico que ha sacado a sus hijos adelante con una dedicación profesional y personal que ha sorprendido a los dos dirigentes de Podemos. Ya en su momento se contó que Pablo Casado, que aun no era presidente del PP, fue de los primeros en hacerles llegar su afecto, su solidaridad y su ánimo. Casado conocía muy bien el sufrimiento de tener a un hijo prematuro luchando durante meses entre la vida y la muerte.

En los malos momentos sale lo peor y lo mejor de la gente, y en este caso, afortunadamente, ha salido lo mejor de dos políticos que no hacen excesivos méritos para caer especialmente simpáticos ideológicamente hablando. Menos aun cuando se es periodista que sigue a diario la actualidad, acude a sus debates parlamentarios, sufre las consecuencias de no decir amen a todas sus iniciativas, algunas de ellas disparatadas, y sabe cómo utilizan las redes sociales para hacer añicos la imagen de quienes no les dedican alabanzas.

Ha hecho falta  una situación dramática para que Montero y Sánchez hayan reconocido públicamente que nuestros Reyes son humanos, que nuestra  sanidad pública es una de las mejores del mundo si no la mejor;  ha hecho falta ese drama para demostrar  que la clase política está plagada de personas  que anteponen el respeto y el afecto personal a la contienda ideológica, y que este país, plagado de defectos, es  grande en muchas cosas. La carta de Montero e Iglesias reconcilia con la política. No son muchas las oportunidades para hacerlo.