Primarias

A ver qué dirigente  político defensor a ultranza de las primarias se atreve a mantener esa defensa tras el espectáculo deplorable que se está viviendo.  Hay motivos más que sobrados para provocar que le salgan los colores al que diga que las  primarias significan dar voz y voto a la militancia y simpatizantes y hacer así participativa su vinculación con el partido con el que se siente identificado.

No las  han ganado los mejores sino los que cuentan con más capacidad de comunicar, los que se mueven a sus anchas en las tertulias de televisión y radio, aquellos a los que coloquialmente se llama “picos de oro”. Si a eso se suma atractivo físico, tiene muchas papeletas para verse en puesto de salida en una lista; si además mantiene vínculos estrechos con los dirigentes del partido,  entonces tiene todas las papeletas. 

Resultado: han quedado en la cuneta muchos de los mejores,  con demostrada sabiduría, capacidad de gestión y la valentía suficiente para garantizar un buen proyecto de gobierno o de partido.

El sentido de las primarias, que supuestamente era la mencionada participación de la militancia,  lo han machacado los  dirigentes de los partidos han impuesto su criterio, en algunos casos de forma que solo se puede calificar como obscena, porque han metido en lo alto de las listas a personas que la militancia, o incluso los responsables locales y regionales, ni siquiera habían considerado como candidatos porque ni eran queridos  por los militantes de esa región o localidad, o ni les conocían. 

Siempre han existido los “cuneros”, y a lo largo de los años se ha visto de todo: los que se sintieron vinculados con su circunscripción y crearon lazos y compromisos que en algunos casos se convirtieron en indestructibles … o los que al día siguiente de las alecciones si te he visto no me acuerdo. Excepto para situarse en primera fila si llegaba el líder nacional o alguna autoridad del gobierno.

Estos días han quedado  muy en evidencia los que más han proclamado la bondad de las primarias. La palma se la llevan Pedro Sanchez y José Luis Ábalos, que están metiendo mano a todo lo que les llega. Que se lo digan si no a Susana Díaz. O a Lambán, o a Ximo Puig. De Ciudadanos mejor ni mencionarlo, tras el fiasco sufrido al imponer a una candidata  que toda su vida, hasta el día anterior, había sido dirigente del Partido Popular, y que “alguien” incluso jugó sucio para intentar convertirla en ganadora a través de un inconmensurable pucherazo. Ciudadanos presume ahora de la eficacia de sus controles, pero no cuela. Si no es por Igea,  esos controles con toda seguridad no se habrían realizado.

Se comprende que se hayan producido tantas escisiones en los partidos en los últimos tiempos y que se hayan ido a su casa tantos buenos políticos que no han querido  participar en el engaño. Aquí no hay primarias, sino imposición, conchabeo.