La financiación de la Iglesia: Despeja la incógnita

La financiación de la Iglesia: Despeja la incógnita

Detrás de cada X hay una historia”. Este lema de la campaña de la Renta que nos propone la Oficina para el sostenimiento de la Iglesia en España me ha hecho recordar los años de estudiante, cuando las ecuaciones nos invitaban a descubrir qué se escondía detrás de aquella letra enigmática, y pensar en toda la riqueza de vida que esconden esas X que podemos marcar en nuestra declaración de la Renta para contribuir con un 0,7% de nuestros impuestos tanto al sostenimiento de la Iglesia Católica como a otros fines sociales.

Todos los que solemos marcar estas casillas en nuestra declaración deberíamos intentar despejar estas incógnitas: seguro que quedaríamos gratamente sorprendidos de cuánto de bueno encierran esos dos trazos en forma de aspa que nos hacen partícipes de forma activa de tantas y tantas historias con rostro, con nombre y apellidos, con dificultades y alegrías que encuentran en la solidaridad común un apoyo imprescindible. Aunque esta campaña, evidentemente, va dirigida a aquellos que aún no han decidido realizar este sencillo pero eficaz gesto. Más allá de prejuicios ideológicos o de otro tipo, deberíamos acostumbrarnos a tomar decisiones sencillas fundamentadas en datos reales que nuestra experiencia cotidiana puede corroborar.

Como cristiano, como sacerdote y como responsable, en nombre del obispo, del sostenimiento de la Iglesia en Ourense, me gustaría invitar a todos a que descubran la incógnita de este gesto en lo cercano, en nuestra realidad diocesana: 730 parroquias, más de 300 sacerdotes, 800 misas dominicales, catequesis de niños y adultos, 9 capellanes en centros hospitalarios y penitenciarios, 15 centros educativos religiosos, un ropero diocesano y varios parroquiales, un comedor social, cuatro comunidades de contemplativos y varias comunidades religiosas con labor educativa o social, tres asilos de ancianos… Ahí están las parroquias con toda su labor pastoral y social, Cáritas, las Asociaciones y movimientos eclesiales, nuestros Seminarios… toda la vida de la Iglesia que podemos observar y de la que podemos participar. Pero no todo queda aquí, en los límites geográficos de nuestra diócesis: a través de Manos Unidas o de otras asociaciones y sobre todo a través de nuestros 188 misioneros y misioneras repartidos en 37 países de América, África y Asia esa X se hace también extensiva y concreta en tantas situaciones de necesidad material y espiritual más allá de nuestras fronteras. Toda esta labor es lo que se oculta detrás de esa X que nos sirve para colaborar con el sostenimiento de la Iglesia y también de otras entidades u organizaciones de tipo social.

Hubo y hay muchos tópicos en torno a la cuestión económica del sostenimiento de la Iglesia y de sus obras: pero la verdad es que ésta se sostiene exclusivamente con lo que las personas aportan, bien directamente a través de donativos o aportaciones periódicas, o bien a través de la asignación tributaria con ese sencillo gesto en nuestra declaración con el que, como siempre nos recuerdan, “ni pagas más ni te devuelven menos”. De todos modos, la aportación económica por todos estos medios, sería absolutamente insuficiente si no hubiera miles y miles de personas que generosa y voluntariamente dedican tiempo, cualidades, oración y tantas otras ayudas, no cuantificables en euros, a las labores de nuestras comunidades diocesanas, a través de la catequesis, cuidado de los templos, visita a los enfermos y asistencia a los necesitados, formación de padres o matrimonios, asesoramiento y ayuda de todo tipo. Este es el gran activo de la Iglesia: los cristianos que fieles a su vocación bautismal se hacen sal y luz en medio de nuestra sociedad.

Ojalá que despejemos la incógnita de la financiación de la Iglesia: os aseguro que quedaremos gratamente sorprendidos de lo que entre todos estamos haciendo.