Bravuconadas 
de un payaso

Bravuconadas 
de un payaso

Desde el campo de golf donde pasa sus vacaciones, el insomne Donald Trump sigue amenazando a diestro y siniestro desde las redes sociales. Si esta pertinaz afición a escribir sandeces la ejerciera un adolescente no tendría mayor interés ni repercusión. Pero cuando el autor es el presidente de Estados Unidos y los destinatarios son dos almas gemelas como el venezolano Maduro o el norcoreano Kim Jong-un, las repercusiones llegan a los mercados internacionales y las bolsas se resienten.

Pero lo peor es jugar con fuego con alguien a quien la comunidad internacional no se ha tomado lo suficientemente en serio, pese a tener un arsenal nuclear, como es el pequeño dictador asiático. Corea del Norte ha sido, desde la instauración de la dinastía Jong-un, un pueblo sometido al terror medieval de las ejecuciones sumarias, los castigos más atroces y los asesinatos selectivos de cuánto colaborador no doblara el espinazo en tiempo reglamentario.

Y con ese siniestro personaje, Donald Trump, otro payaso, se recrea en el incremento de las amenazas verbales a ver quién llega más lejos.

Ha tenido que ser el presidente chino Xi Jinping quien medie en la trifulca de dos descerebrados jugando con el botón nuclear. China, y conviene recordarlo, a la que Trump acusó de ser la responsable de las pérdidas de puestos de trabajo en la industria norteamericana y advirtió con cerrar sus exportaciones, intenta poner cordura en este juego de dos necios.

Las democracias occidentales no pueden vivir, en un momento de recuperación económica, después de la dura recesión de los últimos años, sumidas en el miedo a que un misil alcance la isla de Guam y se produzca un conflicto mundial.

Y, por el lado venezolano, una sociedad sometida a la burla de sus instituciones con la oposición que ganó las elecciones expulsada del parlamento, con heridos y muertos en las manifestaciones contra el régimen, en una situación de absoluta carestía de productos básicos y medicamentos, necesita ayuda internacional, no bravuconadas de un insomne, desmentido por sus jefes militares horas después.

Los dirigentes de los países del Cono Sur, a los que Trump tanto desprecia, están haciendo con el aislamiento económico al que han sometido al régimen de Maduro, más por la democracia que la primera potencia mundial. Venezuela necesita una operación conjunta auspiciada por Naciones Unidas para poner freno a la deriva dictatorial del régimen.

Las relaciones internacionales, en plena globalización, son materia de alto riesgo para dejar en manos de liderazgos irresponsables, ególatras e ignorantes.

Si el comportamiento del presidente norteamericano en su decisiones de orden interno han echado por tierra el prestigio democrático de Estados Unidos, no ha habido ninguna actuación internacional que se salve del estupor y la burla. Es difícil que se pueda aguantar de esta guisa cuatro años.