Marshall se ha vuelto español

Marshall se ha vuelto español

Si Berlanga resucitase seguro que querría rodar una nueva película en Ourense.  Sería un remake de su Bienvenido Mr. Marshall, pero en clave nacional; en el nuevo guión no vendrían los yanquis a prometer inversiones que nunca habrían de llegar, sino que serían mandamases de la capital, ministros con su cohorte, los que aterrizarían en esta ciudad para prometernos un nuevo plan, tan ambicioso, que nos situaría, no ya a la cabeza del reino en esto de las aguas calientes, sino en el cetro mundial del termalismo y de todo lo que tenga que ver con él. Y el alcalde pregonaría a los cuatro vientos desde la balconada de la plaza que ahora sí, caramba, ahora nos lloverán recursos a espuertas desde el gobierno central para convertirnos en referente mundial en el campo de la geotermia; que seremos en breve «un símbolo de España, Europa y el mundo en el campo de la energía sostenible». Y todos nosotros, crédulos, aplaudiríamos a rabiar tan estimable iniciativa. Una más que nos endilgan con la boca llena pero con las manos vacías. 

Marshall estuvo en Ourense hace un par de días. Quien dice Marshall dice Nadal, ministro de energía del reino. Acompañado del alcalde loó nuestra riqueza termal, nuestras aguas ardientes del subsuelo (nada que no supiésemos). «Ourense es única», vino a decir. Y en esa alabanza casi orgiástica, de repente, ambos al unísono, como otrora hiciera Pepe Isbert desde el balcón del Ayuntamiento de Villar del Río en la obra de Berlanga, anunciaron la firma de un convenio de colaboración entre el Ministerio de Energía y el Concello de Ourense en materia de energía geotérmica, para desarrollo de proyectos vinculados con el aprovechamiento de agua termal para uso de calefacción en toda la ciudad. Ni que decir tiene que ello situará a Ourense, pobre pobrísima por la desidia de tantos durante tanto tiempo, en «referencia mundial en esta energía renovable y de futuro». Y el gordo le tocó a los vecinos del barrio de A Ponte, que será, aseguraron, el programa piloto para implantar, ¡Oh, yeah!, la district heat (sic), o sea, la calefacción de barrio, de suerte que se canalizará el agua termal a través de un sistema de tuberías que llegará a pisos y locales para que hogares y negocios disfruten este sistema limpio de calefacción. Se acabará, pues, pagar a eléctricas o llenar con gasóleo el depósito del edificio. En el barrio pontino deben de estar ahora a cuadros.

¡Qué locura, qué despropósito!: En A Ponte llevan largo tiempo suspirando por la apertura de su mercado, tan lustroso por fuera y tan vacío por dentro por la ineptitud de ¿quién? Y ahora les prometen una quimera. Se dice desde las instancias locales que somos referente mundial en termalismo (al nivel de Budapest (¡!), con su impresionante balneario Gellért como enseña), pero somos incapaces de construir un modesto hotel/balneario urbano en el entorno de As Burgas y de la antigua cárcel, presa de la ruina, la maleza y la basura. Alguien se inventa la «marca Ourense» para vender nuestra aguas, pero da pena (asco, a veces) cómo están las pozas de Outariz o A Chavasqueira, sin apenas personal que la atienda (¿se sabrá alguna vez qué pasó con Aspanas Termal y el papel de las instituciones públicas en su caída?); el Concello es incapaz de soterrar contenedores y acabar con la imagen deplorable de bolsas de basura rebosando esas moles infames que afean nuestras calles, pero parece que es sencillísimo levantarlas para canalizar el agua termal y que 108.000 habitantes disfruten de la calefacción geotérmica. Ojalá esté equivocado, pero esto suena a pitorreo. Uno más. 

El problema de las ensoñaciones es que uno deja de pisar el suelo firme. Y la gestión púbica diaria se evapora en delirios de grandeza, o en deseos irrealizables, como los que tan bien retrató en su día Berlanga.