No hizo nada malo

No hizo nada malo

Hasta el más inútil de los hombres habrá hecho algo medianamente servible a lo largo de su carrera profesional. Hasta el más zoquete de los albañiles, que no aguanta en una obra más allá del primer día porque la pifia a cada instante, un día levantó un sencillo murete de un metro de altura y, ¡oh, milagro!, no se le cayó (pobre cosecha ante tanto desatino que arrastraba). Y poniéndonos extremistas, hasta el más sanguinario o criminal de los dirigentes de un país pudo haber hecho algo «aprovechable» a lo largo de su aciago mandato, que empero no lustra su trayectoria, pues pesan como losas sus horrendos actos; un día alguien, en tono informal, tras criticar yo con dureza la época oscura del dictador Franco, me dijo «bueno sí, pero construyó muchos pantanos…». Y pensé que si durante 40 años solo se hubiese dedicado él y sus ministros a fusilar, encarcelar, ocultar cadáveres y reprimir cualquier intento de democratización de la vida política, la tragedia habría sido aún mucho mayor. Los muertos en cunetas no se compensan con las presas en los ríos. Cuarenta años de dictadura dieron para hacer muchas cosas. Y para ocultar muchos huesos. 

Lo anterior viene a cuento de la última «gracia» de Rajoy (si es que alguna gracia tiene, el pobre); en un encuentro informal, a la pregunta de si se presentaría de nuevo a unas elecciones generales, respondió «¿Por qué no me voy a volver a presentar? No he hecho nada malo». Y hete aquí que la frase, que en sí parece sencilla, en realidad no lo es: ese no he hecho nada malo puede interpretarse en variadas formas. Por ejemplo, es la típica frase del gamberro que se cree descubierto y da excusas baratas e increíbles; no he hecho nada malo, dice el mocoso escondiendo la mano que arrojó la piedra que hizo añicos la ventana; o no he hecho nada malo, dice el presidente del gobierno que se ha gastado 60.000 millones de euros de la hucha de las pensiones durante su mandato y a la vez, curiosamente, el Banco de España da por perdidos (regalados) 60.000 millones del total que inyectó en la Banca, pese a haber repetido hasta la saciedad que no regalaría un euro a los bancos; o no he hecho nada malo, dice, repite, quien metió un recorte brutal a los derechos sociales y sanitarios, y en cambio amnistió a delincuentes fiscales de grandes fortunas con una ley declarada a la postre inconstitucional. No, pero él sostiene que no hizo nada malo.

Pero hay otro sentido más perverso, si cabe, que podemos darle a ese no he hecho nada malo: es como ese «a mí que me registren», o ese «cómo podía yo saberlo»,  con que se disculpa quien está rodeado de inmundicia por los cuatro costados y pretende salir del lodazal sin una sola mancha en su traje. Rajoy no hizo nada malo, pero tiene el dudoso honor de ser el primer presidente de gobierno que se sienta en el banquillo como testigo en uno de los mayores casos de corrupción en este país; no hizo nada malo, pero preside un partido que está señalado por un tribunal como partícipe a  título lucrativo del botín de graves delitos, y otro tribunal lo imputa directamente (al PP) como autor de un delito de destrucción de pruebas claves en la lucha judicial contra la corrupción; Rajoy no hizo nada malo, pero a su vera florecía la Gürtel, Púnica, Brugal, Lezo…, y hasta hay una anotación de M. Rajoy (quién será) en los papeles de un tal Bárcenas. Rajoy no hizo nuca nada malo, pero en Génova 13 rulaba el dinero negro para pagar su reforma y un tipo llamado Correa andaba por allí como Perico por su casa.

Rajoy tiene todo el derecho del mundo a presentarse a la reelección. Su aval parece ser que en estos años no hizo nada malo. Habrá quien le crea, y hasta habrá quien sostenga que los anteriores hechos son dignos de elogio. Si es así, me callo. Nadie es perfecto.